El espíritu libre que marcó la identidad de la villa
Emilia Pardo Bazán fue un espíritu libre. La aristocracia que heredó de su padre el título de condesa, y la buena situación económica le permitieron disfrutar de una libertad muy rara para una mujer. Se casó a los 17 años Y tuvo hijos pero su vida conyugal no fue feliz. Era mujer decidida, enérgica, inteligente, trabajadora; para muchos, “de armas tomar” que además de Galdós, tuvo amores con Blasco Ibáñez y Lázaro Galdeano.
Pero quizás la relación que ha pasado a la historia haya sido la que mantuvo con Benito Pérez Galdós que se desarrolló en Madrid pero que vivieron en el Balneario de Mondariz, delante de los ojos de todos, su pasión. Durante los veinte años que duró su relación esta se nutrió de todos los ingredientes novelescos: admiración, amor, pasión e incluso infidelidades por ambas partes. Sin embargo su historia solo trascendió tras el hallazgo y la publicación en 1975 de “Miquiño mío. Cartas a Galdós”. Esta correspondencia cruzada va de 1883 a 1915. Las misivas van mostrando cómo fue cambiando la relación entre los dos escritores. Primero, pasaron por una admiración literaria mutua, que poco a poco se convertiría en amor, y aún en pasión, para acabar al final de las vidas de ambos (murieron con tan solo un año de diferencia) con una profundísima amistad. Las cartas describen una relación íntima, tanto intelectual como sentimental, que pasó de “Mi ilustre maestro y amigo” a “Miquiño mío del alma, haz por dormir y no fumes mucho” o “Pánfilo de mi corazón, rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos tan dulcemente de literatura y de Academia y de tonterías. ¡Pero antes te morderé un carrillito o tu hocico ilustre... Te como un pedazo de mejilla y una guía del bigote... Te daré a besar mi escultural geta gallega... !” para seguir con”Sí, yo me acuesto contigo, y me acostaré siempre, y, si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien". Una relación que sirvió para escribir parte de los diálogos amorosos de la novela “Fortunata y Jacinta”.
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