De víctima de okupas a dormir en un coche

Pilar Pardo, en huelga de hambre, busca una solución a la desesperada tras pasar a dormir en su coche: “Pensamos en llamar a una empresa de desokupación”

Publicado: 26 feb 2025 - 05:15 Actualizado: 26 feb 2025 - 10:31
Pilar Pardo, ayer en el coche junto al hogar presuntamente okupado por una familia en Veigadaña, Mos.
Pilar Pardo, ayer en el coche junto al hogar presuntamente okupado por una familia en Veigadaña, Mos. | J.V.Landín

El conflicto de una supuesta okupación en Mos sigue abierto. Pilar Pardo, que se ha declarado en huelga de hambre desde hace una semana hasta que no se solucione su situación, ha dejado de convivir con la presunta familia okupa tras colarse por la ventana en una pequeña habitación de la casa. En los últimos días pasó a vivir en el coche, menos en el último que, por enfermedad, ha regresado a su hogar. Incide tanto ella como su marido en la impotencia que viven tras no poder encontrar una solución después de dar cobijo por caridad a una familia de cinco integrantes ante las amistades generadas en el colegio por sus hijos. “Es indescriptible el dolor que estamos sufriendo”, apuntó Francisco Javier Fernández, marido de Pilar. Sin embargo, la solución puede estar cerca a través de terceros. Según asegura Pardo, el Opus Dei se encuentra buscando una alternativa habitacional a la familia que lleva más de un año en la vivienda aledaña a la su casa y piden que se tenga “alma cristiana” para aguantar la situación. “Pero que no vengan a amenazar, porque ya me encuentro en una anorexia nerviosa donde no puedo ver comida delante”, apuntó la vecina de Mos. 

La dificultad reside, según Pilar, en la denominación de vulnerables por parte de los supuestos okupas, algo que les ampara la nueva ley y que hace que sea más difícil poder echarlos de una vivienda pese a que no se encuentran empadronados allí. Algo que sí demostró Pilar. El pasado jueves formalizó una denuncia tras innumerables intentos para que abandonasen la edificación aledaña a su hogar, pero “no sirve de nada. Incluso pensamos en llamar a una empresa de desokupación pero nos piden 3.000 euros para empezar, más lo que ellos pidan”. Los supuestos okupas, pese a intentar contactar este periódico con ellos, no han querido dar la cara. 

“Estamos ya en una situación en la que nos sirve todo para encontrar una solución. Lo único que queremos es que se recupere mi hijo, que se siente culpable y está sufriendo”, aseguró Fernández. Durante las pocas conversaciones que mantienen, los okupas indican que su cometido es buscar otra cosa e irse, pero pasa el tiempo (ya llevan más de un año) y no existe movimiento: “Les ayudo yo a hacer la mudanza si quieren”. 

Culpan a la abuela de la familia de ser la que más está elevando la tensión y el conflicto, buscando en ocasiones la agresión física sin llegar a ella. “Un día le vi que casi pega con la fregona a mis perros y, otro, levantó una maceta pesada para amedrentarnos. Aunque ella cobra una incapacidad, está perfectamente”, apuntó Pardo. Por seguridad, han instalado cámaras apuntando a la vivienda okupada y que “van dando una imagen falsa por detrás. Deben mucho dinero a gente”.

“Sé que lee mis mensajes, le pido que recapacite”

Pilar Pardo aseguró que ella no es la única damnificada por la familia. Hay más. Una de ellas, Ángeles, amiga de la familia okupa desde hace 20 años, se mostró extrañada por el cambio de personalidad que tuvieron y pide “que recapaciten. Sé que leen mis mensajes y les digo que están a tiempo de parar. Que pidan ayuda si la necesitan, pero que lo que están haciendo es vergonzoso”. No tanto por ellos sino “por el legado que dejan al niño de 18 años. Esas vivencias pueden convertirlo en un delincuente”. 

Las supuestas deudas que acarrea la familia, según Ángeles, es notoria. “Han pedido dinero a mucha gente. Pensé que podrían tener un problema con el juego o algo de ese estilo”, indicó. Algunas de esas deudas se fueron acumulando en varios lugares que frecuentaron, como el Pazo de Vilariño, albergue donde residían anteriormente, o el supuesto robo de hasta 100.000 euros de una gran derrama en una comunidad que presidía en el municipio de Redondela y donde, a pesar de ser propietaria de dos pisos, según Pardo, no puede regresar. “Cogió un bar en Redondela y debe todavía un año de alquiler. Además, ya tuvo algún problema con Hacienda”, señaló Ángeles. 

Ella fue una de sus víctimas, según relató. Le prestó en octubre 500 euros para aliviar su mala situación y todavía no ha recibido la totalidad del importe. Tan solo la mitad: “Debe tener más de 200 mensajes míos diciendo que me devuelva el dinero y siempre me dice que dentro de unos días. Pero nunca llega”. Con todo, señaló que el cambio de toda la familia fue muy destacado y que, en Redondela, eran de los que más ayudaban a la iglesia en ocasiones especiales, como Semana Santa: “Parecía muy puritana y la madre muy currante. No sé qué les ha pasado, porque entiendo que el dinero puede gustar mucho. Pero no puede compensar lo que están haciendo".

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