Separados por un Erasmus y unidos por el Celta

Sergio, Alejandro, Antón y Xoel han recorrido miles de kilómetros desde distintos puntos de Europa para reencontrarse en Glasgow gracias a su pasión por el club vigués

Separados por un Erasmus y unidos por el Celta

Las amistades son como un bonsái: no basta con plantarlas, hay que dedicarles tiempo, cuidarlas con paciencia y prestar atención a los pequeños detalles para que crezcan fuertes y duren en el tiempo. Pero si encima tienen un núcleo tan fuerte de unión como la pasión por unos colores, puede llegar a mover montañas. Es el caso de Sergio, Alejandro, Antón y Xoel, cuatro amigos vigueses y estudiantes de periodismo que han convertido Glasgow en el punto de encuentro de una amistad repartida por Europa.

Sergio viajó desde Santiago, con escala en Dublín, mientras que Alejandro y Antón salieron de Szczecin, en Polonia, donde están de Erasmus. Xoel hizo lo propio desde Estambul. La idea surgió tras el sorteo de la Liga Europa. "Hablamos cuando salió el sorteo y dijimos: 'Oye, vamos a Glasgow'", recuerda Sergio. Después buscaron las combinaciones más económicas y reservaron un piso para los cuatro.

El trayecto de Alejandro y Antón fue especialmente largo: volaron a Liverpool y enlazaron autobuses y trenes hasta llegar a Glasgow a las diez de la mañana, después de salir la tarde anterior. "Una matada", resume Alejandro, que recuerda el frío de la madrugada mientras esperaban el autobús. Pese al cansancio, viajar acompañado hizo más llevadera la travesía. Para él, que vive su primer desplazamiento europeo con el Celta, es una experiencia especial: "Es un viaje enorme". El Erasmus le ha brindado, además, la oportunidad de viajar con más facilidad y a un precio más económico. "Espero que no sea el último", añade. Sergio, que viajó solo desde Galicia, lo tiene claro: "Pocas cosas hay mejores que viajar por el Celta".

Los cuatro también reflexionan sobre el auge del celtismo y la creciente movilización de aficionados por Europa. Antón admite que los buenos resultados animan a viajar, pero reivindica el compromiso: "A mí me sale igual ir a Glasgow un jueves porque no tengo muchas cosas que hacer, pero también me sale aunque el equipo esté mal". Sergio encuentra una de las claves en la identificación con los jugadores de casa: "Que sean canteranos y gente del mismo barrio, del mismo pueblo o de la misma ciudad hace tener mucho más orgullo y sentimiento". Xoel, por su parte, destaca el trabajo del club en redes sociales y comunicación para reforzar la imagen del Celta como representante de Galicia. Los cuatro han recorrido caminos distintos, con aviones, trenes y horas de espera, para compartir unos días en Glasgow.

El Erasmus los ha llevado lejos de casa, pero el Celta les ha dado una excusa para reencontrarse. Porque, como ocurre con un bonsái, también hay amistades que necesitan pequeños momentos compartidos para seguir echando raíces.

Los aeropuertos de media Europa como trampolines

Muchos celtistas ya hicieron acto de presencia en Glasgow desde inicios de semana, pero ayer fue el día en el que el que la mayor parte de la afición olívica hizo las maletas y pasó horas sin dormir, intercambió buses, trenes o vuelos, hizo escalas de todos los colores o se recorrió un continente con un solo objetivo: ver al Celta en Celtic Park. Muchos hicieron la combinación desde Oporto hasta Edimburgo y de ahí la opción de transporte más viable para llegar a Glasgow. Pero muchos otros pasaron por Faro, Dublín, Londres, Liverpool, Barcelona, París y muchas otras ciudades de Europa. Combinaciones indescifrables para hacer historia y formar parte hoy mismo de la mayor movilización de celtistas nunca antes vista.

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