Román y su cuestión de confianza
El gran nivel del gondomareño, seguido por varios clubs europeos, brotó cuando empezó a creer en sí mismo
Ya decía Valdano que el fútbol es un estado de ánimo. Y tanto que sí. Porque, en muchas ocasiones, el apartado mental es capaz de llegar a territorios inexplorados y a límites inesperados. Es el caso de Miguel Román, que empezó la pretemporada con el Celta sin saber si se iba a quedar para acabar convirtiéndose en el mejor centrocampista del equipo, tras encadenar unos meses a un nivel muy alto en cada encuentro. Por el medio, una renovación hasta 2028 que impulsó una confianza que se fortaleció al ver que podía competir perfectamente con los compañeros en los entrenamientos y con los rivales en los partidos.
Ese contrato como jugador del primer equipo liberó al gondomareño. Acababa de cumplir su sueño de ser jugador del Celta. Poco importó arrancar la temporada como el quinto mediocentro o tener una participación escueta hasta noviembre. Cuando comenzó a jugarlo todo. Cuando se convirtió en imprescindible. Miguel, que en años anteriores acostumbraba a dudar sobre sí mismo, entendió sobre el terreno que estaba ahí por méritos propios. No solo se ganó la confianza de técnicos y compañeros. Más importante aún, se ganó la suya propia.
A partir de ese cambio de chip mental, su crecimiento ha sido meteórico. Basta comprobar como ha superado en participación a todos los mediocentros de la plantilla salvo a Ilaix Moriba. El futbolista de Gondomar ya está por delante en minutos de Hugo Sotelo y rebasó a Fran Beltrán y Damián Rodríguez antes de que se fueran en enero. Y es que, desde el 26 de octubre, solo se ha perdido el partido de Copa en Sant Andreu.
El Bernabéu y el rol de 6 como punto de inflexión
A lo largo de esta temporada, Miguel Román tuvo constancia para trabajar por un sitio, paciencia para esperar su momento y convicción para lograrlo. Pero siempre en una línea de progresión constante. Primero, más como 8, cumpliendo a la perfección. Pero el punto de inflexión de su temporada se produjo en el Santiago Bernabéu contra el Real Madrid. Fue el primer partido en el que jugó de 6, rol en el que se siente más cómodo y en el que sus múltiples virtudes salen a relucir.
Como mediocentro más posicional, se ha destapado como un futbolista completo. Construye, destruye, juega hacia delante, mezcla pase corto con largo, abarca mucho campo, recupera balones, es agresivo en los duelos. Además, toma cada vez mejores decisiones y tiene ese punto de tranquilidad para que la pelota no le queme. Y como guinda, mueve el balón parado.
Como es normal, su rendimiento no ha pasado desapercibido. Varios clubs europeos están monitorizando la evolución del gondomareño. Pese a ello, la tranquilidad es total, tanto por parte del Celta, como del jugador. Tiene una cláusula robusta, de entre 30 y 40 millones, que dificulta su salida. De producirse, será a cambio de una cantidad importante.
No obstante, sí que es cierto que Román percibe un salario progresivo -cada temporada sube un fijo y unas variables en función de sus minutos-, pero que no es muy alto. Si mantiene este nivel, no sería descabellado pensar en una renovación a lo largo del próximo curso. Sobre todo, para evitar que el futbolista llegue a su último año de contrato, con los riesgos que siempre entraña esa situación. Pero, cada cosa a su tiempo. Por el momento, fútbol y confianza.
“Tes que vir ver xogar a este rapaz”
Corría el verano de 2020. El mundo podía salir bajo el sol después de meses de confinamiento por una pandemia mundial. Por aquellos tiempos, el equipo juvenil del Choco preparaba un momento histórico, el de su debut en División de Honor. Su entrenador era Alberto Suárez, ahora técnico del Celta en esa misma categoría.
Como en cualquier pretemporada, los medios de comunicación se interesan por las perspectivas, las plantillas, los objetivos. Lo normal. Cuando el que escribe preguntó por aquel Choco juvenil a su entrenador, la respuesta no pudo ser más contundente: “Teño un avión aquí. Tes que vir ver xogar a este rapaz. É mediocentro e xa che digo que vai acabar como máximo goleador do equipo”. Suárez hablaba de Miguel Román.
El entrenador lucense no tenía ninguna duda sobre su nuevo pupilo, que acababa de llegar procedente del Rápido de Bouzas para estrenarse en la categoría. Terminó con ocho goles y un contrato con el Pontevedra. El resto, es historia.
Más allá de que el nivel del gondomareño incluso haya superado el optimista augurio del actual preparador de Celta juvenil, la historia de Román, como la de Pablo Durán, demuestra que los caminos a la élite son variados. El miñorano conoce el sabor del barro. Por eso ahora se aferra a la ambrosía de la élite.
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