Pena máxima del Celta en la Copa
El Celta, perjudicado por el árbitro, logró forzar el tiempo extra ante el Real Madrid, que volvió a ganar por pegada
La Copa 24/25 ya es historia para el Celta. Se recordará por la prórroga forzada ayer en el Bernabéu en el minuto 90, sobreponiéndose a un 2-0 y a la injusticia de un clamoroso penalti no señalado justo antes del primer tanto madridista. En ese tiempo extra, no se aprovechó la incertidumbre blanca y los madridistas acabaron sentenciando a base de puntapié.
Cualquier gurú comunicativo sabe que la mejor manera de acallar el ruido y con más ruido. La mejor manera de ocultar un desagravio es desviar la mirada lo más rápido posible hacia otra acción que reclame luces. Los focos no se preocupan por la justicia, sólo por iluminar lo que quieren que se vea quien lo maneja. Fueron segundos. Acaso 10, acaso 20. El tiempo que pasó entre la caída de Williot Swedberg en el área blanca, con sus pies pegados a los brazos del meta madridista Lunin, y la finalización de Kylian Mbappé de una carrera desde el centro del campo aprovechando el vencimiento de Iván Villar a su potente zurdazo. El vídeo arbitraje ha enseñado a ser paciente. A esperar que, tal vez, el pasado pueda borrarse. No sucedió esta vez. El ruido de casi todo un Bernabéu festejando un tanto acalló las leves protestas.
Porque no todos los minutos son iguales. El tiempo se compone de una sucesión de momentos y no todos pesan lo mismo. Ese escaso medio minuto definió toda una primera parte de anoche. Una primera mitad en la que el Real confirmó que la presencia de Modric y Ceballos en su centro del campo invitaba a pensar en que quería la posesión. La tuvo ante un Celta que se vio obligada a replegarse en campo propio. Eso sí, intentando reducir los espacios al sacar la línea defensiva del área propia.
No tenía ritmo el partido. Porque los locales no se lo daban a la circulación y los visitantes no tenían balón. En ese contexto, las acciones a balón parado empezaron a marcar tendencia. Primero con un cabezazo de Starfelt que acarició la escuadra por fuera tras un saque de esquina. Y hasta cuatro realizó a su favor el Real Madrid cuando empezó a encontrar algo de circulación, con Modric al volante repartiendo hacia los laterales avanzados. Con todo, la única manera que encontró de inquietar fue con disparos desde fuera del área que encontraron buenas respuestas de Iván Villar.
Le faltaba al Celta encontrar la manera de hacer daño. Pero tampoco se lo hacían. Eran minutos que se acompañaban entre ellos sin estridencias. Hasta con cierta inacción. Pero llegó ese medio minuto, justo cuando el equipo vigués lograba pisar campo rival. Llegó el balón trastabillado a esa zona de control de Lunin, por donde apareció Swedberg con esa habilidad para estar donde no se le espera. Pasó lo que pasó, en el primer momento con peso del partido.
Faltaban diez minutos para el descanso que fueron de duelo. De escándalo fuera del campo y de incredulidad dentro. Mientras los célticos intentaban poner cabeza fría a una situación doliente. Quedaba toda la segunda parte y, pese al marcador, no se había sido inferior al Real Madrid. Era cuestión de volver a los minutos de construir con la idea de encontrar algún momento decisivo a favor.
Pero lo peor de la primera parte no había sido el gol. Había sido que Mbappé demostró ganas y capacidad. La que se apreció cuando recogió un balón de espaldas en el centro del campo y se animó a hacer un recorte para sacarse de encima a Starfelt. El sueco realizó anoche un partido soberbio y su equipo lo echó enseguida de menos en el centro de la defensa en ese otro momento clave. Porque el francés del Real Madrid vio el desmarque de Brahin y éste supo esperar a la carrera de Vinícius para dejarlo solo ante Iván Villar.
Una vez más, parecía que se repetía la pesada historia. Plomiza. Esa que dice que el conjunto blanco siempre se le indigesta al Celta, juegue como juegue. Porque lo golpea lo merezca o no. No quiso Claudio que sus jugadores pensasen demasiado en lo sucedido. Metió a Pablo Durán y a Hugo Sotelo buscando reanimar. Costó. De hecho, Vinicíus no marcó porque Starfelt sacó su vaselina cuando se colaba el balón. Más madera, con Fer López y Cervi. Y de nuevo Vinícius rozando la sentencia con un pase de gol a Arda Guler en un tanto que fue anulado por fuera de juego.
Llegó entonces una doble sustitución local. Modric y Mbappé tenían descanso. Pero el partido se le fue de las manos al Real Madrid. Camavinga cometió una ingenuidad en la salida de balón y el Celta, por fin, encontró uno de esos momentos. Apenas tres segundos para que Durán viese a Bamba en mejor posición y el galo anotase el 2-1 en el minuto 82. Quedaba tiempo. Y a los locales se les notaron los nervios. Suficientes para que Asencio cometiese penalti sobre Bamba y Marcos Alonso empatase el duelo justo sobre el minuto 90.
El tiempo añadido
Tocaba prórroga. Con mejores sensaciones célticas pero sin ese punto de fuerza preciso para amenazar a Lunin en una primera parte del añadido que era céltica. Porque la segunda fue un pequeño desastre. El Real Madrid recordó cómo marcar sin apenas hacer nada. Endrick ahogó el sueño, Valverde lo mató y Endrick lo remató. La Copa 24/25 ya es historia para el Celta. Acabó en octavos.
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