Ocho amigos, seis vuelos y un solo destino: Glasgow

Un grupo de la peña Oliveira de Teis organizó seis viajes distintos para ver la remontada celeste

Los ocho viajeros junto al resto de sus compañeros de Oliveira de Teis, el pasado jueves en el Celtic Park.
Los ocho viajeros junto al resto de sus compañeros de Oliveira de Teis, el pasado jueves en el Celtic Park. | Atlántico

Las anécdotas e historias de esta semana serán tema de múltiples conversaciones durante años para los celtistas presentes en Glasgow. En muchos casos, lo vivido en el campo, con la remontada del Celta, será lo más bonito, pero cada una de las 3.000 personas presentes en las gradas del Celtic Park vivió una odisea para llegar a su destino. Familias, amigos y peñas celtistas tuvieron que organizar travesías de varias horas y con itinerarios indescifrables, con el único objetivo de ver a su equipo en una noche europea que quedará grabada a fuego. Es el caso de un grupo de aficionados de la peña Oliveira de Teis, ocho amigos que llegaron a la ciudad escocesa en seis vuelos diferentes con un objetivo entre ceja y ceja: dejar su huella en el desplazamiento más grande de la historia del celtismo.

No obstante, la trepidante aventura de los ocho amigos comenzó mucho antes de pisar Glasgow. La idea partió del sorteo de la Liga Europa y la expedición se fue construyendo sobre la marcha, a medida que se acercaba la fecha del partido y cada uno encontraba la mejor combinación posible para llegar a la ciudad escocesa. "Según se vio el calendario, poco a poco cada uno fue cogiendo el vuelo que podía y lo mandábamos por el grupo que tenemos de la peña. Pero cuando uno lo cogía a 100 euros, al minuto estaba a 300", recuerda Veloso, uno de los grandes artífices del viaje.

La organización fue un auténtico rompecabezas. Yago y Mauro optaron por viajar juntos desde Oporto hasta Birmingham, con una escala de cinco horas, antes de enlazar con Glasgow. El retraso de hora y media del primer vuelo prolongó todavía más la travesía, hasta el punto de que llegaron a su destino a medianoche. Veloso y Mario, que viajaron desde Vigo a Madrid el martes, pasaron la noche en la capital antes de volar al día siguiente a Londres y, desde allí, continuar hasta Glasgow.

Las combinaciones se multiplicaron también para encontrar alojamiento, con varias reservas de hoteles con cancelación gratuita hasta dar con las opciones más económicas. "Estamos cuatro en un hotel y otros dos en otro. Separados, pero juntos", resume Veloso entre risas. El primero en dar el paso fue Saúl, presidente de la peña, que se lanzó a comprar su billete sin tener la certeza de que el resto pudiera acompañarlo ni de cómo se resolvería el asunto de las entradas. "Lo cogió, confió en que iba a tocar. Es un campo de 60.000 personas, iba a haber entradas, pero fue todo así, fe pura, ciega", explica su amigo.

Una apuesta que terminó reuniendo a ocho celtistas dispuestos a cruzar Europa para formar parte de una cita histórica. Junto a Veloso y Saúl, completaron la expedición Mario, que viajó con el primero, y Yago, Mauro, Javi, Cani y Nuria. Los Willy Fog del barrio de Teis sufrieron ante el caos aeroportuario, pero no tardaron en hacer el primer brindis nada más verse las caras en suelo escocés.

Los muchachos tuvieron tiempo para disfrutar de la previa en Glasgow.
Los muchachos tuvieron tiempo para disfrutar de la previa en Glasgow. | J.V. Landín

Además, el esfuerzo tuvo su recompensa al llegar a Glasgow. Allí se encontraron con una ciudad teñida de celeste, en la que el celtismo se hizo notar desde las primeras horas. "Es una locura. Se nota que para toda la gente de Galicia, toda la gente del Celta, Glasgow y el Celtic es como estar en casa. Vas caminando por las calles y solo ves camisetas celestes, ves a gente del Celta. Prácticamente hablas en gallego en Glasgow", cuenta Veloso, impresionado por el ambiente que acompañó al desplazamiento y que llenó cada esquina de la ciudad en la mañana del pasado jueves.

Pero la peregrinación de esta locura de viaje no se limitaba solo a los pubs, sino que faltaba el colofón final. El grupo de Veloso, Saúl y compañía fue de los últimos en llegar al estadio y de los últimos en marcharse, conscientes de que lo que iban a vivir, y efectivamente vivieron, era algo por lo que valía la pena cada hora invertida, tanto en el viaje como en su organización.

Con todo, la odisea no terminaba con el pitido final. El regreso también exigía cuadrar horarios, aeropuertos y conexiones para deshacer el camino de ida. Tres de los amigos tenían previsto regresar a través de Barcelona, mientras que otros optaron por enlazar vuelos en Madrid. Saúl, por su parte, debía viajar desde Glasgow hasta Birmingham para continuar después hacia Oporto. Diferentes rutas para un mismo propósito: volver a casa sanos y salvos después de una experiencia que difícilmente olvidarán.

Volver de una pieza para el Celta-Betis

La odisea de los ocho amigos de la peña Oliveira de Teis no termina en Glasgow. Después de cruzar Europa para acompañar al Celta en su histórica cita europea, el siguiente objetivo está marcado en el calendario: regresar a Vigo a tiempo para el encuentro de mañana ante el Betis, a las 16:15 horas en Balaídos. Para ello, la vuelta también exige encadenar vuelos y hacer malabares con los horarios. Tras la emoción de la cita europea, ayer aprovecharon para disfrutar de una jornada algo más tranquila y visitar Edimburgo antes de afrontar el último desafío de su aventura. Hoy comienza el tortuoso viaje de regreso, con diferentes rutas y escalas que volverán a poner a prueba su paciencia.

"Marchamos el sábado (por hoy). Tres hacemos Glasgow-Barcelona y después Barcelona-Vigo u Oporto. Otros hacen Glasgow-Madrid y Madrid-Vigo, también el sábado", explica Veloso. Saúl, presidente de la peña, tiene otra combinación: Glasgow-Birmingham y Birmingham-Oporto. Un último esfuerzo logístico para cerrar el viaje y regresar a casa.

Si nada se tuerce, los ocho podrán dormir esta noche en casa y descansar después de varios días de desplazamientos, escalas y aeropuertos. La recompensa será volver a estar en Vigo y, apenas unos días después de teñir Glasgow de celeste, reencontrarse en Balaídos.

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