Los 3.000 de Glasgow serán eternos

El celtismo desplazado silenció el Celtic Park en ciertos momentos y coreó "A Rianxeira"

Los 3.000 de Glasgow serán eternos

Si lo vivido en el césped de Celtic Park ya forma parte de la historia celeste, lo que ocurrió en la grada es difícil de describir con palabras. El mayor desplazamiento de la afición del Celta convirtió una de las esquinas de uno de los escenarios más candentes del fútbol europeo en un pequeño Balaídos, con un éxtasis y unas ganas de victoria que no cabían en ninguno de los 60.000 asientos del estadio.

El ambiente ya era especial mucho antes de que el balón echase a rodar. Celtic Park ofreció una de esas estampas que explican la magia del fútbol europeo, con miles de voces entonando al unísono el mítico “You'll Never Walk Alone”. Ni siquiera la ausencia de la Green Brigade impidió que el estadio rugiese como acostumbra. Cada acercamiento del Celtic se convertía en un clamor ensordecedor, una demostración de pasión que encontró respuesta en los 3.000 celestes desplazados hasta Glasgow.

Desde la entrada de los primeros aficionados vigueses, los cánticos fueron constantes. También hubo tiempo para acordarse de Ionut Radu, cuyos coreos desde la grada fueron agradecidos por el guardameta rumano. Y para sorprender a los propios jugadores, que se encontraron con la grada visitante llena al saltar a calentar y se acercaron a agradecer el apoyo.

Canciones de las grandes noches como “A Rianxeira” y “Maruxiña” rebotaron en Celtic Park

Tras el himno de la Liga Europa, la afición celeste tomó el relevo para cantar a pleno pulmón “Oliveira dos Cen anos”. La afición viguesa merecía una noche así después del duro golpe ante la Juventus, cuando el Celta vio cómo se le escapaba un punto en el último minuto en Balaídos. Glasgow sirvió para transformar aquella decepción en una celebración que tuvo su punto álgido con el grito de “Que bote Balaídos” tras la remontada, haciendo saltar a una grada que parecía trasladarte por un instante el estadio vigués a Escocia.

Pero aún hubo más. Mientras la alegría se prolongaba, canciones de las grandes noches como “A Rianxeira” y “Maruxiña” rebotaron en cada pared del Celtic Park, prolongando una celebración para la historia. Porque hay viajes que duran mucho más que los kilómetros recorridos. Los 3.000 celestes que conquistaron Glasgow regresarán a casa con una noche que ya forma parte de la memoria colectiva del celtismo, porque esos que convirtieron una esquina escocesa en un pequeño Balaídos serán eternos.

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