Moriba, Swedberg y nueve más
Con un gol a favor a la primera de cambio, toda la estrategia diseñada por Giráldez voló por los aires. Los jugadores, que todavía estaban tanteando a su rival, tomaron el camino menos arriesgado y eso casi les cuesta el encuentro. Por mucho que el técnico se desgañitase en la banda, el balón no llegaba al ataque vigués. Ni a Borja y Jutglá en la primera parte, ni a Durán y Aspas a partir de la hora de juego. Aunque es cierto que esa dupla sí consiguió acercarse a la meta de Unai Simón un poco más.
Juego de espaldas para mover al rival
Al igual que sucedió ante el Atlético de Madrid, Borja Iglesias, y esta vez también Ferran Jutglá, salieron con una tarea bien definida. Debían jugar de espaldas para así obligar a la defensa del conjunto rival a descolocarse, puesto que los centrales debían moverse con ellos para cubrirles. En el Metropolitano funcionó, ayer… El trabajo se hizo aunque sin resultado.
De nuevo, cambio de carrileros
Como viene siendo habitual, Giráldezfue haciendo cambios en las bandas durante el encuentro. Ese ‘trapicheo’ de cromos es más sencillo cuando se hace con Sergio Carreira y Óscar Mingueza, que se defienden y defienden bien en las dos bandas. El vigués, que salió de inicio, situado a la izquierda de Radu. Durante la primera parte le tocó mantener su posición atrás ante las internadas del Athletic. En la segunda, cuando entró el lateral catalán, cambió de banda y se fue a la derecha. Por allí encontró los huecos para conducir balones hasta Fer, Aspas o Durán.
Sin continuidad en los pases
Dos, tres toques, pero no más. Y así es imposible. El Celta no conseguía enlazar jugadas, perdía el balón en medio campo, pero es que ayer tampoco tenía suerte con los rechaces. Entre eso y que Radu no tuvo el día más acertado cuando sacaba de portería, pasar del medio campo se convirtió en toda una proeza. Los cambios del técnico celeste a la hora de juego dieron un poco más de estabilidad al equipo y jugadores como Fer López, completamente desaparecido en la primera mitad, volvieron a tener protagonismo. Pero el desajuste era real y ni con el Athletic mermado físicamente los vigueses fueron capaces de rematar un partido que debieron ir perdiendo pero que finalizaron con la sensación de que todavía se podía ganar.
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