Mingueza y el Celta, en virtud de la necesidad

El catalán jugó de mediocentro durante la segunda parte, pero en un contexto que le demandó un enorme sacrificio

Mingueza celebra el gol de Swedberg junto al sueco, a Miguel Román y a un tapado por todos Iago Aspas.
Mingueza celebra el gol de Swedberg junto al sueco, a Miguel Román y a un tapado por todos Iago Aspas. | Jorge Santomé

Una tarjeta roja en el minuto 29 hace saltar por los aires cualquier planteamiento. Si el expulsado es uno de los dos únicos mediocentros de la primera plantilla disponibles, el embrollo adquiere dimensiones importantes. Por eso, a veces hace falta tirar de inventiva para encontrar soluciones. Que la necesidad sea virtud. O que la virtud surja de la necesidad. Por eso, para desfazer el entuerto, Claudio convirtió en carne el espíritu de Mingueza, que disputó la segunda mitad del encuentro de ayer en el centro del campo.

Esta vez no fue una movilidad estudiada, o su libertad de movimientos o la interpretación del juego -magnífica- del jugador catalán. No. El Celta partió tras pasar por el vestuario con el canterano del Barcelona formando pareja con Miguel Román, con Swedberg en un lado y Pablo Durán en todas partes. Así parcheó el técnico porriñés la tempranera tarjeta roja a Hugo Sotelo después de sobrevivir en el tramo final del primer acto con Aspas y el propio Swedberg muy cerca del mediocentro gondomareño.

El caso es que esa vocación de centrocampista organizador que tiene Mingueza no encontró el mejor contexto para manifestarse. Pero si es un jugador tan bueno es, también, porque es inteligente. El de Santa Perpetua sabía que balón, poco, y sacrificio, mucho. El jugador catalán corrió, corrió y corrió. Pudo recuperar alguna que otra bola, pero la inferioridad numérica no le permitía tomar muchos riesgos. Guardar la posición, incomodar al Lille y ayudar a su equipo. 

Cuando tuvo la pelota, la jugó con su calidad habitual. Por desgracia para el Celta, no fueron demasiadas ocasiones. Aun así, celebró con sus compañeros el 2-0 y salió del campo, exhausto y amonestado, tras el 2-1.

No fue el único que tuvo que adaptarse a la situación. Jones El Abdellaoi ejerció de delantero centro para dejar el costado a Pablo Durán y a su colosal capacidad de sacrificio. El de Tomiño corrió en 45 minutos lo que muchos futbolistas completan en un partido completo. 

La salida del campo de Mingueza no cambió el rol de mediocentro novel. Claudio decidió evitarle un sofoco a Hugo Burcio en una situación tan delicada como la que atravesaba el Celta en el partido y apostó por la energía de Hugo Álvarez. El ourensano ofreció piernas, trabajo y lucha. Era lo que necesitaba un partido que fue más una batalla por la supervivencia que una sucesión de creatividades tácticas -que también-. El cuerpo técnico y los futbolistas celestes actuaron en virtud de la necesidad.

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