El espíritu de la transición del Celta en el Memorial Quinocho

El bloque medio céltico estuvo intenso y corto, sin dar opciones a los rivales para jugar entre líneas

El grupo al completo posó con el trofeo del Memorial Quinocho, que este año tuvo el nombre alternativo de Copa Centenario.
El grupo al completo posó con el trofeo del Memorial Quinocho, que este año tuvo el nombre alternativo de Copa Centenario.

Después de tres décadas de carrera, el credo futbolístico de Rafa Benítez no puede coger a nadie de sorpresa. Quiere, por encima de todo, equilibrio. A partir de ahí intensidad defensiva en bloque medio y verticalidad ofensiva para contragolpear. Ayer, en el Quinocho, contra un rival de mucho empaque como el Lyon, evidenció el espíritu que pergeña para su Celta y el suyo propio: el de la transición.

Saber sufrir

Cualquier sospecha de que el cuadro francés fuera a venir de paseo a Balaídos se diluyó de un plumazo nada más comenzar el partido. El conjunto galo entró arrollador, con un ritmo y un vigor físico claramente superiores a los del Celta. Ya se sabe que cuando no puedes ganar, bueno es no perder. Y aunque se vio desbordado, especialmente por el lado izquierdo de su defensa, el bloque celeste supo aguantar el chaparrón apoyado también en el acierto individual de Iván Villar.

El esqueleto

El fútbol es mucho más que un esquema táctico. Pero ese dibujo es el esqueleto de la propuesta de cada entrenador. Y está muy claro que la de Benítez se va a basar en el 1-4-4-2. Por el momento, en bloque medio. Ya sea por las limitaciones físicas del momento o por convicción, este Celta salta muy poquito a la presión alta. Aguanta con la doble punta en el centro del campo y aprieta cuando la pelota entra en el engranaje. Todo ello con unas líneas muy juntas, que complican a los rivales jugar entre líneas. La labor táctica de los dos centrales -Aidoo y Carlos Domínguez- y, especialmente, de los dos mediocentros -Beltrán y Sotelo- fue sensacional y será capital a lo largo del año.

Madurez y maduración

A partir del rearme defensivo, el Celta creció en el partido. Defender en bloque bajo, como volvió a hacer al final del partido por el empuje del Lyon, siempre es un ejemplo de madurez. Concentración, calma, activación en espacios cortos. Una vez sujeto el problema, el cuadro celeste buscó soluciones propias hacia adelante. Es decir, supo madurar el partido. Fue cuando aparecieron los espacios y las ocasiones. Pero no los goles.

La cara B

Ahora mismo parece clarísimo que Aspas y Larsen forman la doble punta titular. Jugar a 50 metros de la portería puede suponer un problema para el morracense por sus 36 años. Para el noruego, muy vigoroso, no tanto. Ayer firmó un gran partido tanto en posicional como en transiciones. Casi todo bien, salvo por lo primero que se mide a un delantero. Su colmillo sigue sin estar afilado. Sería conveniente que sacara el esmeril.

Los cambios y la verticalidad

La entrada de Carles Pérez revitalizó el ataque. Hizo un buen gol, pero, sobre todo, fue una amenaza. Esa profundidad puede ser un gran arma esta temporada. Luego, Benítez dio oportunidades a todos. O casi. Porque José Fontán se quedó sin jugar sin tener problema físico de ningún tipo.

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