La decisión que lo precipitó todo en el Celta
Se cumple un año de la salida de Antonio Chaves del Celta, movimiento clave para la transición profunda del club
Menos de 48 horas después de la dramática victoria sobre el Barcelona campeón de Liga que confirmaba la permanencia del Celta en Primera, la transición pasó de ser tranquila a celérica. El paso en la presidencia de Carlos Mouriño a Marián Moriño, que se esperaba a corto plazo pero no de forma inminente, se precipitó porque Antonio Chaves decidió dejar el club. El director general casi plenipotenciario en los tres lustros anteriores decía adiós.
Su salida fue un terremoto a muchos niveles de gestión. A prácticamente todos, de hecho. Pero, sobre todo, sacó de las sombras la figura de Marián Mouriño, que llevaba meses cocinando a fuego lento su desembarco en la presidencia desde el único pero significativo cargo de CEO de Galicia Sport 360. Sin Chaves, ella asumió el mando sin dudar, sin temblar el pulso. Oficialmente, de inicio, ejerciendo de directora general interina. En realidad, ejerciendo como idearia y máxima responsable del club pese a que su padre, Carlos Mouriño, seguía siendo el presidente.
Para Mouriño padre el adiós de su hombre de confianza lo llevó a apartarse de forma definitiva. A asumir que su tiempo había pasado. Y tuvo que hacerlo observando cómo su sucesora no apostaba por la continuidad, sino por el cambio en muchos aspectos del club. Sin temblarle la mano.
Del anterior consejo de administración no queda ningún representante. Ninguno. Del cuerpo directivo, con el tiempo acabaron por salir personas de máxima confianza de Antonio Chaves como Julio Vargas o, más adelante y con alguna que otra cuestión legal de por medio, María José Herbón, que personalizaba la contención económica que permitió la no desaparición de la entidad pero que, en los últimos tiempos, era valorada también como un freno. También se fueron personas mucho más circunstanciales como el director de comunicación Marco Rocha.
Un año después, el Celta, sin duda, ha mejorado su relación con el aficionado, cuestión principal para Marián y más secundaria para Carlos y Chaves. Ha desaparecido la dirección general, dividiendo la gestión entre deportiva y no deportiva, esta última en manos de Jose Gainzarain. Y se ha apostado por la paz social, recuperando la relación rota con el Concello de Vigo sin renunciar un ápice al Galicia Sport 360. Mano izquierda.
Campos no, Benítez tampoco
La última gran apuesta deportiva de Carlos Mouriño y Antonio Chaves no cuajó. La primera gran apuesta deportiva de Marián Mouriño no cuajó. Luís Campos fue la última gran decisión del director general saliente, que resultó clave para que el cotizado director deportivo se decidiese a que su empresa trabajase para el Celta. Todavía con él presente, la todavía futura presidenta decidió realizar una apuesta económica fuerte para el banquillo, medida contraria a lo habitual en los últimos lustros, y fichó a Rafa Benítez, técnico reputado y caro.
Al acabar la temporada, ninguno de los dos siguen en el club. Campos se fue justo antes del mercado de invierno por claros desacuerdos con, precisamente, Rafa Benítez y con diferencias con el club en cuanto a la cercanía a la hora de realizar su trabajo. El veterano técnico madrileño, al que los resultados le negaron la mayor desde el principio, fue sostenido en el puesto y comandó el mercado invernal, pero acabó siendo sacrificado cuando perdió la fe, que no el respeto, del vestuario.
Lo sucedido en ese momento con la apuesta por Claudio Giráldez también marca la diferencia con la anterior gestión, que nunca había apuntado a tal nivel a un hombre de la casa. Se intentó, en su día, con David de Dios. Y es justo reconocer que Claudio también estaba muy valorado por los anteriores dirigentes.
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