Con el Celta en la maleta
Carmen Villarroel recorrió más de 40.000 kilómetros para ir a todos los partidos de los celestes en la Liga Europa, Friburgo incluido: “Es una mezcla de flexibilidad y muchas ganas”
Viajar por Europa con el Celta es una experiencia extraordinaria. En realidad, viajar en general ya lo es. Así lo siente Carmen Villarroel, que ha juntado su pasión por el equipo celeste con la que siente por conocer mundo para recorrer más de 40.000 kilómetros y asistir a todos los partidos a domicilio del conjunto vigués en la presente Liga Europa. Siete de siete. El último de ellos, de infausto desenlace en Friburgo. Unas horas antes de esa amargura, la algarabía reinaba en el jardín de la cerveza de la ciudad alemana, donde esta abogada viguesa confesó que todo nació de una promesa a sus amigos hace un par de veranos. “Un día estábamos recordando la última vez, en 2017. Nos pusimos un poco nostálgicos y, en un momento dado, dije que la próxima vez iba a ir a todos”, recuerda. “Es lo típico que dices por decir, pero también una excusa. Además, quién sabe si podré hacerlo en la siguiente ocasión, así que era una oportunidad para aprovechar”, añade. “Sinceramente, no esperaba que fuera a suceder en poco más de un año”, concluye.
“Le dije a mis amigos que la próxima vez que el Celta jugase en Europa, iría a todos los viajes; sinceramente, no esperaba que fuera tan pronto”
Pero sucedió. Claudio Giráldez y sus futbolistas devolvieron la cruz de Santiago a la senda continental y a Carmen le tocaba cumplir. Pero una cosa es querer y otra, poder. “El secreto es que tengo mucha suerte”, explica con claridad. En consonancia con los tiempos modernos, puede teletrabajar. Y además, su labor se adapta a distintos horarios. “Ese factor es muy importante. En la mayoría de los viajes, trabajé al menos un día. Y después, no tener muchas obligaciones más allá de eso”, reconoce, antes de zanjarlo con un resumen perfecto: “Es una mezcla de flexibilidad máxima y muchas ganas de viajar con el Celta”.
El camino de Villarroel, miembro de la peña Exiles 1873, empezó a fraguarse con el sorteo de la primera fase. “Ese día me pillé todos los viajes. Al final, siempre hay alguien que va a ir”, explica. Y así fue. En cada desplazamiento, se enganchó a distintos compinches. “Más bien se engancharon ellos a mí”, puntualiza con una sonrisa. Así, en un vistazo a vuelapluma, recuerda anécdotas, recupera vivencias y valora las ciudades conocidas. “Como experiencia, Razgrad estuvo muy guay. Pero no quiero volver nunca”, explica mientras se ríe, al ser cuestionada sobre el destino menos bueno. Sobre el mejor, duda con Lyon, pero finalmente señala a Belgrado: “Me encantó”.
“El secreto es que tengo mucha suerte porque puedo teletrabajar; es un factor muy importante”
En cuanto a la logística, Carmen es experta en ingeniería viajera. Así, ha armado combinaciones de todo tipo. En definitiva, bastantes más kilómetros que añadir a los 20.000 que separan Vigo de las siete ciudades. “No gasto demasiado tiempo porque, sinceramente, tengo mucho callo”, resume sobre la preparación de vuelos, estancias y demás familia. “Además, mi amigo Víctor, que es el concejal de transportes, me echa una mano a veces porque lo tiene incluso más dominado que yo”, bromea mientras mira a su colega en el jardín de la cerveza de Friburgo.
De la ciudad germana destaca lo mismo que todos los que la han visitado estos días. “Es muy bonita y la gente es súper agradable”, subraya, al tiempo que el foco se amplía más allá del Celta, los estadios que visita y los rivales a los que se enfrenta. “A nivel personal, aprovecho para ir a museos o comprar algún libro de literatura propia del sitio. Aquí en Friburgo por ejemplo, algo de poesía alemana”, desvela. “Me gusta mucho intentar explorar el idioma antes de venir. Aprendí un poco de griego previo a Salónica. En Serbia y Croacia, el hola, el adiós y el gracias. Es una cuestión de respeto y algo de curiosidad. El fútbol es la excusa para todo esto”, enarbola.
“Es una excusa para conocer lugares, personas y culturas; lo más bonito del fútbol es viajar”
Y con eso se queda Carmen. “Hemos estado en países muy distintos y en todos hemos hecho amigos y nos hemos empapado de su cultura”, cuenta sobre vivencias, en las que también destaca "la gastronomía, que es otra manera fantástica de conocer a un pueblo”, antes de insistir en el deporte como una “excusa para conocer lugares, personas y culturas” por Europa adelante. “Puedes entender mucho de la gente a través de este juego”, remarca, para concluir con una frase más redonda que la pelota: “Lo más bonito del fútbol es viajar”
Las siete ciudades, en pocas palabras
Stuttgart | 2.100 km: “Fue bonito por ser el primero. Además, era el viaje más fácil de hacer y fue mucha gente de Vigo. Y, por supuesto, vivir in situ el simbolismo del regreso del Celta a Europa. Fue precioso”.
Zagreb | 2.900 km: “Fue increíble experimentarlo. Puro fútbol balcánico. Probablemente, fue el partido que más me impactó ver dentro del estadio. Quizá no el que más ambiente tenía, pero sí el que más me marcó porque ver ese fondo con los Blue Boys da miedo”.
Razgrad | 4.000 km: “Allí hicimos la despedida de soltero de un amigo. Le queríamos hacer algo distinto porque sabíamos que lo típico ya se lo iban a preparar otros. Moló mucho”.
Belgrado | 3.350 km: “Espectacular. La ciudad me encantó y el ambiente de fútbol que se respira allí es tremendo. Y luego está el estadio, el Pequeño Maracaná, que es un auténtico icono del fútbol mundial. Haber estado allí con el Celta fue increíble. Pasé algo de miedo también, aunque el ambiente era más de fútbol, con banderas, bufandas y cánticos de ánimo. En Zagreb, solo eran tíos de negro uniformados”.
Salónica | 4.000 km: “Fue complicado llegar porque está muy lejos y es caro. La ciudad no la tenía mucho en el radar, pero me encantó. Maravillosa. Y una cosa que me impactó fue estar en el paseo marítimo y ver el Monte Olimpo desde allí. Me pareció alucinante”.
Lyon | 1.600 km: “Fue una experiencia genial por la cantidad de gente que fue hasta allí. ¡Estaba medio Vigo en la ciudad! Y jugar contra todo un Olympique y eliminarlo fue una cosa apoteósica e histórica”.
Friburgo | 2.000 km: “Maravilloso lugar. Hay un ambiente increíble en la calle y además nos ha recibido con un tiempo espectacular. La gente es muy agradable y ya hicimos amigos del Friburgo. Nos han tratado súper bien”.
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