Fue bonito mientras duró... y volverá a serlo

Publicado: 17 abr 2026 - 06:30
La plantilla agradece el apoyo y el cariño de la afición celeste tras la eliminación europea.
La plantilla agradece el apoyo y el cariño de la afición celeste tras la eliminación europea. | Jorge Santomé

Hay derrotas que no caben en noventa minutos. La eliminación del Celta ante el Friburgo deja ese poso difícil de explicar: frustración por lo inmediato y, al mismo tiempo, una extraña gratitud por el camino recorrido. No fue la noche que se soñaba, el equipo se equivocó y compitió por debajo de lo esperado, pero tampoco puede ser el resumen de todo lo vivido.

Sería injusto mirar atrás con reproche. Lo que ha hecho Claudio Giráldez con esta plantilla tiene algo de improbable y mucho de extraordinario. Un grupo joven, con acento de casa, lanzados al vértigo de Europa, sosteniendo el escudo con naturalidad y una identidad reconocible. Han competido, han crecido y, sobre todo, han devuelto al celtismo un orgullo que no entiende de resultados. Eso sí, también queda la sensación de que este proyecto necesita más mimbres para sostenerse cuando el desgaste aprieta.

Porque el Celta aterrizó en esta eliminatoria en el peor momento posible. Con el juego apagado, las piernas pesadas y los resultados torcidos. Lejos de su mejor versión. A estas alturas, Borja Iglesias ya no fluye como en noviembre y las ausencias de Miguel Román y Carl Starfelt restan soluciones. Demasiadas grietas para una cita que exigía firmeza.

Ahora queda ver cómo responde el equipo al golpe. Europa ilusiona, pero también deja cicatriz cuando se escapa. Y, sin embargo, el desafío que queda por delante en Liga tiene tanto valor como el que ya se ha ido. Siete partidos para perseguir algo que el Celta solo ha logrado una vez en su historia: encadenar dos clasificaciones europeas consecutivas. Si lo logra, será la confirmación de que lo vivido no fue un espejismo, sino un comienzo.

Europa, para el Celta, nunca ha sido una casa: ha sido un viaje. Casi siempre breve, intenso y cruel. Volverá a pasar. Volverá ese instante irrepetible en el que la camiseta celeste se reconoce lejos de Balaídos y, aun así, no se siente extranjera. Volverán las noches grandes y, probablemente, también las despedidas prematuras. Y si además ese viaje incluye otra vez a Iago Aspas recorriendo los campos del Viejo Continente, entonces habrá merecido la pena.

Fue bonito mientras duró. Y volverá a serlo.

Eu creo no Celta.

Contenido patrocinado

stats