Atlántico
Una sanidad rota
El Padre te miró pequeña y te hizo Madre de Dios. Tu Hijo te miró desde la cruz y te hizo Madre nuestra. Nosotros te contemplamos, y tu mirada transida de compasión y ternura, nos destapa y nos fortalece el alma.
En nuestro corazón están arraigadas las benditas palabras que tu Hijo,antes de entregar su vida, dirigió al discípulo amado, otorgándonos el mejor regalo, una Madre.
Eres aliento para seguir el camino, eres refugio de la historia escondida de nuestras vidas, fiel compañera que nos impide claudicar en la fraternidad del encuentro. En cada mirada de amor nos recuerdas que somos hijos de Dios.
En cada gesto de compasión nos enseñas a vivir con humildad. Tu amor es el refugio del alma cansada, la paz de los corazones inquietos y la guía segura que nos conduce a Cristo.
A tu inmaculado corazón maternal pedimos que nos muestres a tu Hijo, que nos enseñes a hacer lo que Él nos diga, a cargar, como el samaritano, con las heridas de nuestros hermanos, a escuchar y ser escuchados desde el corazón, a escuchar a Dios y a escuchar al prójimo, tantas veces roto por el sufrimiento.
Borra de nuestro corazón todo lo que nos confunde, lo que traba nuestra relación con tu Hijo. No nos sueltes de tu mano, acompáñanos en la vida.
Que en cada jornada nos sostenga tu amor y en cada noche nos cobije tu ternura.
Rosa Carolina Crespo Fernández.
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