Atlántico
Gorilas en la nieve
La esperanza cristiana es un verdadero tesoro, una virtud que transforma nuestra vida por completo. No es un sentimiento pasajero, sino una fuerza vital que nos guía, incluso en los momentos de mayor incertidumbre, a una existencia transfigurada por la confianza en lo que está por venir.
Cuando vivimos con esperanza, como nos decía el Papa Francisco, nuestra forma de mirar el mundo cambia completamente. Las dificultades ya no nos aplastan, porque sabemos que aquello que esperamos vale la pena. La esperanza nos da el coraje para enfrentar los desafíos y el sentido para nuestras luchas, pues apunta a una promesa mayor, una realidad que trasciende todo lo que podamos imaginar.
La vida, a la luz de la esperanza, deja de ser una secuencia de acontecimientos sin dirección y se vuelve una aventura maravillosa, guiada por la Providencia de Dios y por nuestra libertad.
Esta virtud nos invita a vivir el presente con intensidad, sin perder de vista el futuro que Dios tiene preparado para aquellos que le aman. Lo que esperamos no es , al final, algo pasajero o incierto. La esperanza cristiana se apoya en la promesa de vida plena y eterna en comunión con Dios. Este es el destino que da sentido a nuestra peregrinación terrena, la certeza que transforma cada instante de nuestra existencia en una anticipación de la alegría futura.”¡Estamos todos en las manos de Dios!Por lo tanto, sin miedo, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo va delante de nosotros.El mundo necesita su luz.La humanidad necesita de Él como el puente para ser alcanzado por Dios y su amor.”León XIV
Rosa Carolina Crespo Fernández. (Vigo)
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