Atlántico
El dolor del nido vacío
Día de la Madre (03/05/2026). Mi propio hijo se ha olvidado de mí desde hace años. Todo lo que tengo son recuerdos de una vida en común con él. No solo le regalé cosas; lo más importante es que le di mucho cariño y amor, entre besos y abrazos sin fin. Confieso que, como madre, cometí errores, pero estoy segura de que hice muchas más cosas buenas que malas.
No soy, ni nunca seré, la Mujer Maravilla o una "supermadre". Pero me gustaría decirle que nunca lo he abandonado, ni siquiera en la distancia, ya fuera por soledad, enfermedad o por necesidad. Ahora, con sus casi 24 años, él ya no me necesita; soy algo o alguien que pertenece al pasado. Jamás volverá a decirme: "Te amo más que a la Tierra, más que al universo, más que al mundo, más que a todo". Ahora vivimos en espacios y mundos muy distintos. Me duele, pero la vida a veces es ingrata y hay que seguir hacia adelante. Sé que ya es un hombre hecho y derecho, un hombre fuerte. Ya tiene su propia voluntad y sus deseos, y seguirá su propia vida. Pero lo acepto y lo quiero como es.
Nunca lo olvidaré: ha salido de mí y es mi continuación. Aquí, con mi pensamiento y mis fuerzas, siempre estaré para todo lo que necesite. Para él, todo mi corazón, y todo mi amor. Soy su única mamá, aunque él no lo quiera o no lo sepa. Mi “pequeño gran hijo” es la mejor versión de su padre y de mí. Le deseo siempre lo mejor y que tenga fuerzas para luchar por su vida y seguir adelante. Con amor y cariño, su mamá.
Kênia Bonk Gimaiel. (Vigo)
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