Atlántico
En busca de mi amor
Cada mañana, cientos de profesionales sanitarios del Hospital Álvaro Cunqueiro en Vigo afrontamos un obstáculo que nada tiene que ver con la atención a los pacientes ni con la gestión hospitalaria: el aparcamiento.
Lo que debería ser un simple trámite —llegar al trabajo, aparcar y comenzar la jornada— se ha convertido en una carrera contrarreloj marcada por colas interminables, frustración y pérdida de tiempo.
El hospital cuenta con un aparcamiento público destinado a trabajadores, pero las plazas disponibles son claramente insuficientes para la magnitud del personal que aquí desarrolla su labor. Médicos, enfermeras, celadores, informáticos, técnicos y administrativos compartimos el mismo problema: un espacio inadecuado y mal dimensionado para las necesidades reales de un centro sanitario de referencia como este.
Resulta paradójico que quienes trabajamos en el sistema público de salud no tengamos garantizado un acceso digno y eficiente a nuestro lugar de trabajo. A diario, muchos profesionales debemos esperar entre 30 y 45 minutos para conseguir una plaza, generando largas colas que, en días de lluvia, se vuelven especialmente insoportables.
La imagen es desalentadora: una hilera interminable de coches intentando acceder al hospital mientras el reloj avanza sin piedad. La pérdida diaria de tiempo no solo afecta a los profesionales, sino también al propio funcionamiento del hospital. Las largas esperas para acceder al aparcamiento provocan en ocasiones retrasos en la llegada a nuestros puestos de trabajo, lo que repercute tanto en la atención a los pacientes como en los compañeros del turno anterior, que se ven obligados a prolongar su jornada hasta que podamos relevarles.
Como alternativa, se nos ofrece la posibilidad de contratar una plaza en el aparcamiento privado mediante una cuota mensual. Sin embargo, esto supone un gasto añadido que muchos no pueden o no quieren asumir, especialmente tratándose de un centro público, donde el acceso al trabajo debería estar garantizado sin necesidad de pagar por algo tan básico como aparcar. No se trata solo de comodidad, sino de sentido común y respeto por quienes sostienen el sistema sanitario. Un hospital público no puede permitirse una logística de acceso tan deficiente. Es hora de que las autoridades competentes tomen medidas reales: ampliar el aparcamiento, habilitar zonas exclusivas para el personal o buscar alternativas viables que eviten esta situación cotidiana e injusta.
Mientras tanto, seguimos esperando, con la paciencia agotada, en una cola que simboliza a la perfección la falta de planificación y de consideración hacia los profesionales de la sanidad pública.
Un trabajador del Hospital Álvaro Cunqueiro.
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