La última actuación de Abrir Vigo al Mar logra vía libre 30 años después
El Concello de Vigo otorga licencia a la que será la única cafetería de los jardines tras una larga tramitación urbanística
El último resto de Abrir Vigo al Mar logró vía libre 30 años después del inicio del programa urbanístico que se quedó finalmente a medias, con buena parte de las piezas previstas anuladas por distintos motivos. Pero aún quedaba una, menor, la estructura montada encima del parking y el túnel, que se contemplaba como un establecimiento de restauración en medio de los jardines de Elduayen, un edificio en ruinas que ha pasado por toda clase de vicisitudes.
Finalmente, el Concello dio vía libre a la cafetería Flamingo (lleva el nombre del bar histórico de la calle Príncipe, desaparecido cuando se abrió el Marco) con una licencia para su reforma, por lo que volverá a funcionar como bar.
Después de años de abandono y múltiples intentos para rescatarlo, el Concello permitirá que retome la actividad tras llevar a cabo las obras de adaptación de la estructura y transformarlo con un nuevo cierre acristalado. Una vez concedida la licencia, la empresa podrá iniciar las obras de forma inmediata y podrían estar listas a finales del verano, lo que dará más servicio a una plaza donde la hostelería reina.
Después de que en 2017 se declarara que las obras para el primer intento de reformar el inmueble eran incompatibles con el ordenamiento urbanístico y se habían llevado a cabo sin la preceptiva licencia, se ordenó su demolición y la reposición del edificio a su estado original, algo que una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en 2021 confirmó. Desde entonces, la estructura permanece como se ve ahora, en estado de abandono en plena zona del Náutico.
EN 2017 SE INTENTÓ POR VEZ PRIMERA LA OCUPACIÓN COMO BAR DE LA ESTRUCTURA LEVANTADA, PERO SE ANULÓ EL PERMISO
A finales de 2021, la empresa presentó al Concello un nuevo proyecto para llevar a cabo las obras de adaptación para un café-bar, que tras ser estudiado por Urbanismo se resolvió que incluye las modificaciones necesarias para poderlo legalizar. El proyecto contempla la retirada del falso techo existente en toda la zona pública, así como la demolición de parte de los cerramientos ciegos de las fachadas y la tabiquería interior. También se plantea la construcción de un tabique de separación entre el espacio público y el acceso al aparcamiento, la instalación de carpinterías metálicas perimetrales y la construcción de un cierre para el espacio del bar. Además, se acondicionarán las áreas comerciales para su uso, entre otros extremos contemplados.
Después de la realización de las obras de reconstrucción, la estructura hostelera contará con un local comercial de 47,30 metros, un acceso al aparcamiento de 47,14 y una zona exterior cubierta de 321,78 metros. El proyecto propone un cerramiento exterior con puertas correderas elevables y muros cortina para garantizar su funcionalidad frente a las cargas de viento. Se establecen condiciones específicas para el funcionamiento del local, como mantener el cerramiento perimetral abierto durante el horario de funcionamiento y cerrado por la noche así como prohibir la colocación de elementos ruidosos en el exterior de la edificación.
Nuevo parking
En esta misma área el ya exdelegado de Zona Franca, David Regades, había anunciado hace cinco años, al poco de llegar al cargo, un proyecto para construir otro parking bajo los jardines y la calle, comunicando sus dos estacionamientos, A Laxe y la Estrella, ambos desarrollado como compensación al Consorcio por la financiación de Abrir Vigo al Mar. Regades planteó conseguir permiso para el que sería el mayor aparcamiento de Vigo, con más de un millar de plazas en total, pero dicha propuesta no ha terminado de avanzar pese a las buenas palabras desde la Autoridad Portuaria.
Con todo, ya hubo avisos sobre el efecto colateral que tendría dicho proyecto sobre los jardines, que quedarían con seguridad afectados. Recuerda que eso pasó en la plaza de Portugal, que con el parking se ha convertido en un páramo.
Las piezas que se quedaron sin remedio por el camino
Ya es historia de Vigo, la de las piezas de Abrir Vigo al Mar que se anunciaron, proyectaron y presupuestaron y que no llegaron a ejecutarse, dejando cojo todo el proyecto urbanístico. La más famosa, por su impacto, la piscina diseñada para demoler la instalación del Náutico, un edificio que iría tras la sede social, deprimido sobre el terreno, lo que permitía abrir una “ventana” ante la Ría. Detrás, la cafetería del muelle de la Marquesina, donde está hoy Verne, anulada por la Autoridad Portuaria alegando dificultades para la navegación a vela. También corrió la misma suerte el delfinario/acuarama que se contemplaba al lado de la Estación Marítima, en un espacio ocupado entonces y ahora por naves de almacenamiento de víveres para buques. Incluso la propia Estación Marítima desapareció del plan original: la idea era su recuperación como un edificio civil para exposiciones y actos. Aquí también la Autoridad Portuaria y otros departamentos del Estado rechazaron la idea, y hoy es un centro clave para cruceros.
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