Noemí Pereda: “Términos como ‘sugar baby’ blanquean la explotación sexual de los adolescentes”
Entrevista
"La violencia sexual electrónica cobra una enorme relevancia entre los adolescentes", señala la doctora en Psicología Clínica y de la Salud
Reconocida como una de las mayores expertas a nivel nacional en investigación en el ámbito del maltrato y abuso sexual a menores, Noemí Pereda cuenta con una amplia trayectoria profesional, destacada por su trabajo en la epidemiología de la victimización infantil en España y Latinoamérica. Doctora en Psicología Clínica y de la Salud es directora del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GreVIA) de la Universidad de Barcelona. El próximo 18 de octubre participará en el programa Redes de Alborada en Vigo en una formación para profesionales.
Ha dirigido un estudio reciente sobre la victimización sexual en adolescentes, el primero de estas características en España, y que, entre las conclusiones, refleja que el 17,8% de los jóvenes ha sufrido algún tipo de victimización sexual durante el último año. ¿Qué está pasando?
La violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es una realidad en nuestro país, igual que en el resto de los países del mundo. Los estudios que se habían realizado hasta el momento en España preguntaban a personas adultas sobre sus experiencias de violencia sexual en la infancia y encontraban cifras muy similares, de entre el 10 y el 20%. Lo realmente innovador de nuestro estudio es que hemos encuestado directamente a adolescentes escolarizados de 14 a 17 años de todas las comunidades y ciudades autónomas de España, lo que nos ha permitido conocer la violencia sexual que están viviendo en la actualidad y que presenta unas características particulares que no se habían analizado antes. Así, la violencia sexual electrónica cobra una enorme relevancia en este grupo de edad, así como aquella cometida por los propios jóvenes, ya sean parejas, amigos, compañeros, conocidos o desconocidos.
¿Hay mayor dificultad en abordar los abusos cuando se producen mediante una vía, la electrónica, que aporta cierta sensación de impunidad?
A pesar de que las posibilidades que ofrece Internet son muchas, los estudios indican que la violencia electrónica se está convirtiendo en un problema generalizado y en aumento en todo el mundo, especialmente en la población adolescente. El problema radica en que hemos lanzado a los y las jóvenes a este inmenso recurso, sin prepararlos para los peligros y riesgos que supone. Y uno de los mayores riesgos es la violencia sexual. La sensación de impunidad y anonimato anima a cometer acciones que, fuera de ese contexto, no se llevarían a cabo. Pero lo mismo ocurre con las víctimas. Hay muchas conductas de riesgo a las que los y las jóvenes no se expondrían en el mundo físico. Es necesario formar y educar a los más jóvenes para que ni cometan actos que pueden llegar a constituirse en un delito, ni se expongan a situaciones que pueden dañarlos y cuyas consecuencias permanecen en el tiempo.
Las estadísticas de delitos sexuales reflejan un aumento disparado de denuncias sobre todo hacia menores ¿hay suficientes mecanismos para proteger a los niños y adolescentes?
Detectar una situación de violencia contra la infancia y la adolescencia no es una tarea fácil. Tenemos que ser conscientes que, en la mayor parte de casos, el agresor es alguien del entorno más cercano al niño, en quien este confía y al que le une un vínculo emocional. Así, la mayor parte de víctimas no son conscientes de que lo que están viviendo no es normal, que no les sucede a todos los niños y que constituye una forma de violencia que puede denunciarse. Cuando alguien se plantea por qué un niño o niña no cuenta lo que está viviendo tiene que entender que para él o ella esa es su normalidad y, tristemente, no sabe que existe otra en la que la violencia no sería parte de su vida. Por ello, es tan necesaria la educación afectivo-sexual desde edades tempranas, siempre adaptada al nivel de desarrollo del niño o niña, naturalmente, pero que permita a aquellos más vulnerables saber que tienen derechos y que se puede buscar ayuda. Y la formación profesional. Si un profesional que trabaja con niños, niñas y adolescentes no conoce los principales indicadores de violencia, no sabe que existen protocolos de actuación, o que no intervenir supone graves consecuencias a largo plazo, es muy difícil que pueda actuar ante este tipo de casos.
Otro de los resultados del estudio destaca una nueva forma de explotación sexual que es el intercambio de sexo por remuneración o recompensas.
Un 2,6% de los más de 4.000 adolescentes de toda España que encuestamos nos dijo que había mantenido relaciones sexuales con alguien a cambio de una retribución o recompensa en el último año. Se trata de una minoría substancial de jóvenes que debería preocuparnos. Esta idea de participar en un intercambio hace que las víctimas no reconozcan su explotación como una vulneración de sus derechos, llegando incluso a pensar que tienen el control de la situación de violencia sexual. Lo que ocurre en realidad es que se involucra a la persona menor de edad en un supuesto intercambio de actividades sexuales para la provisión de su supervivencia (ya sea, dinero, vivienda, alimentos, pero también alcohol y drogas y, especialmente en nuestro contexto, vínculo, protección, seguridad y afecto). Es un intercambio perverso que da lugar a la percepción de que la víctima de explotación ha sido resarcida o de que es parte de una actividad sexual o relación romántica consentida. De esta manera, la responsabilidad se traslada a las víctimas. Y a la víctima se le imposibilita reconocerse como tal. El blanqueamiento de este tema con términos como sugar daddy y sugar baby, atractivos para los adolescentes, la falta de educación afectivo sexual, o el acceso temprano a la pornografía, son importantes factores implicados en estos datos.
Viene a Vigo a un programa de formación, ¿es la formación en este ámbito una asignatura pendiente?
Efectivamente, la formación es clave y, además, permite modificar creencias erróneas muy extendidas en este ámbito. Debemos poder formar a nuestros profesionales con una perspectiva de infancia, desde el modelo de la victimología del desarrollo. Pero no es solo formación lo que necesitamos, sino una mayor sensibilización social ante la gravedad de un problema cuyas consecuencias adversas pueden perdurar toda la vida.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
Betis 0 - 0 Celta
Directo | El partido entre Betis y Celta, minuto a minuto
Conflicto en Oriente Próximo
España reubica a los militares destinados en Irak por la escalada del conflicto en Oriente Próximo
Violencia de género
Detenido por asesinar a su pareja en Cantabria