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La ilusión de un niño; la adrenalina del adulto. Todo ello unido en un escenario, con unos focos apuntando y bajo la protección de una carpa. Bienvenidos al circo. En este caso, con temática navideña, pero siempre con el riesgo que atrae al público de manos de malabaristas con fuego y acróbatas voladores. El Circo do Nadal ha llegado a Vigo y estará en la Avenida Castelao hasta el próximo 14 de enero, con diferentes funciones animadas pero con un show extremo, que sea vistoso para niños y adultos.
Familias van copando los asientos para observar con detenimiento los más de diez números en un show mágico. “Es nuestra primera vez aquí en Vigo y está siendo un éxito. Este es un negocio familiar, lo montaron mis padres cuando yo tenía 2 años y ahora lo llevo junto a mis hermanos”, declaró Kelly Zavatta, vestida de elfo navideño y preparada para su actuación. “Soy atrezzo en el número del globo de la muerte, y está gustando mucho". No obstante, cuando abrieron, consiguieron un lleno absoluto, y los días siguientes cerca están de ocupar las mil plazas disponibles.
“Esto es mi vida; nací aquí. No podría acostumbrarme a otra cosa que no fuese cambiar cada una o dos semanas de zona”, confesó Zavatta. Y es que su compañía transita por toda España y, salvo un par de semanas vacacionales en junio, el resto disfrutan como nómadas: “Se piensa que la vida en el circo es muy loca, pero para mí es normal. Lo loco sería tener una rutina”.
Fran Boza es natural de Mondariz y con solo 23 años, para estas navidades, actúa como malabarista en el Circo do Nadal: “Cuando era pequeño vi un circo y me encantó. Ahí supe que me quería dedicar a esto”. Su actuación consiste en dominar mazas, pelotas o antorchas, pudiendo controlar a la vez hasta siete. “Son horas y horas de ensayo continuo porque, si no lo haces, pierdes habilidad. No es como andar en bicicleta”.
El circo se lleva en el adn. Corre por las venas de cada artista y se transmite por herencia. Así lo considera Armando Domínguez, séptima generación de actores de circo por parte de madre y sexta por parte de padre. Su habilidad: dominar junto a su mujer el globo de la muerte, una instalación metálica donde a través de la inercia y la práctica la circula con su moto: “Es un acto peligroso pero es lo que la gente le gusta. Eso nos llena de adrenalina”. Domínguez, al igual que muchos otros, no conciben su vida sin en circo, una historia que comenzó a los tres años con su padre y su tío y que “ya tengo en la sangre, y ojalá mis hijos sigan por el mismo camino porque es un mundo que engancha”. Al finalizar, el aplauso del público es siempre agradecido. “Trabajar así es un gustazo, se vive al máximo”. Los focos listos. Pasen y vean. Bienvenidos al circo.
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