Coruxo, 30 años de monte común

Los comuneros planean crear un nuevo parque forestal más accesible en Fragoselo y tienen un proyecto de recuperación de los petroglifos para hacerlos más visibles

Los comuneros muestran el antes y el después de los incendios en Coruxo.
Los comuneros muestran el antes y el después de los incendios en Coruxo.

La Comunidad de Montes de Coruxo celebró sus treinta años de historia con un recorrido de tres horas por las zonás afectadas por los incendios y en las que se hizo un mayor esfuerzo para conseguir su regeneración. El incendio de 2017 quemaron tres cuartas partes de los montes de Coruxo. Fue su página más negra, pero también un revulsivo para incrementar el interés por recuperarlo y por cuidarlo. Fue una jornada que se celebró el domingo pasado y que contó con la participación de comuneros y voluntarios que colaboran con estos trabajos ambientales.

Recordaron que los vecinos lucharon por recuperar la titularidad del monte cuando comprobaron que el Plan de Urbanismo de 1990 contemplaba la construcción de un campo de golf y una urbanización en la parte alta. Tras un largo proceso, el jurado provincial resolvía en 1992 a su favor y se creaba la Comunidad de Montes de Coruxo, propietaria de 243 hectáreas de monte que hasta entonces pertenecía al Concello de Vigo. “En aquella época el monte era un monocultivo de eucalipto y pinos, estaba en un estado muy desfavorable. Fue el inicio de un proceso de regeneración que todavía continúa”, explica el vicepresidente de la Comunidad de Montes, Afonso Rodríguez.

El objetivo es triple. En primer lugar, aumentaron las zonas de especies frondosas autóctonas, acotaron los eucaliptos a dos zonas de producción y tratan de elminar la acacia negra. Es una de las especies invasoras más agresivas y, como sucede con el eucalito, tienen que eliminarlas para que se puedan dar las plantaciones de especies autóctonas. Y juegan con ventaja porque tanto la acacia negra como el eucalito tienen más facilidades de expansión tras un incendio. “Mientras no se consolidan las autóctonas tienes que estar muy encima poque hay una competencia feroz”. Como anédcota cuentan que a mediados de los años 70 el Concello había plantado acacia negra en el monte, hoy considerado prácticamente una herejía.

Una de las novedades que anuncian los comuneros es la creación de un nuevo parque forestal en la zona de Fragoselo, al lado del torreiro de San Sebastián, para que sea más accesible a los ciudadanos. El actual parque forestal de Coruxo no está entre los de mayor uso de la ciudad por su difícil acceso a través de una pista de tierra.

Otro de sus objetivo es un proyecto de recuperación de los petroglifos para hacerlos más visibles. En el monte Maúxo y también en San Miguel de Oia y Chandebrito hay numerosas muestras de arte rupestre de la Edad de Bronce.

A raíz de los incendios también incorporaron nuevos puntos de captación de agua, con una poza en el parque forestal y dsde hace dos años con un nuevo depósito construido con ayuda de la Xunta.

Agradecen la ayuda constante del voluntariado ambiental

En la jornada de celebración del 30 aniversario, que tuvo lugar el domingo pasado, se terminó la escultura del gnomo para recordar que “el monte está lleno de vida aunque no toda la vida es evidente, está escondida en los rincones”. El escultor de Coruxo Rafael O Becho, que talla sus obras con motosierra, transformó un castaño quemado en el incendio de 2017 en un personaje situado a pocos metros del parque forestal.

Los comuneros también aprovecharon la efeméride para valorar el trabajo de los voluntarios, que colaboran con la regeneración del monte. Tras los incendios, tuvieron un papel clave a la hora de estabilizar los suelos, evitando la mayor pérdida que se puede producir por el fuego. Numerosos voluntarios ayudaron a extender paja sobre las cenizas del monte quemado y a construir barreras en las zonas de mayor pendiente, sobre todo en las zonas que en aquel momento carecían de arbolado. “Eran zonas que no tenían ningún tipo de protección porque si hubiera árboles, las hojas forman un acolchado al caer que protege el suelo de la erosión” , explican. En aquellos días habían logrado el apoyo del Concello. Al final, hubo cierta erosión, pero se pudo contener bastante el impacto.

Posteriormente, se hizo un trabajo de restauración del monte, con personal de la Comunidad de Montes y nuevamente con ayuda del voluntariado ambiental. Los montes de Coruxo volvieron a la vida, con más zonas de frondosa, con especies como la salamandra rabilonga, la vacaloura e incluso algún corzo. “Que haya montes llenos de vida redunda en la salud de las personas”, señalan.

En opinión de Afonso Rodríguez, el hecho de que los incendios forestales que estábamos acostumbrados a ver en el interior de Ourense o en la montaña llegasen a las puertas de la ciudad conmocionó a la población. “Se movilizó todo el mundo, pero luego se olvida. Esto requiere un trabajo constante”.

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