El final de un camino para Thiago Alcántara que comenzó en Vigo

Thiago Alcántara se retira con 33 años lastrado por una grave lesión de cadera

Un jovencísimo Thiago domestica un balón con la camiseta del Val Miñor y su primo Rodrigo al fondo.
Un jovencísimo Thiago domestica un balón con la camiseta del Val Miñor y su primo Rodrigo al fondo.

Objetivamente hablando, la carrera futbolística de Thiago Alcántara es fantástica. En trece años de recorrido, jugó en clubes de primer orden mundial como el Barcelona, el Bayern de Múnich y el Livepool. Fue internacional con España y jugó dos Eurocopas y un Mundial. Acumuló un palmarés extraordinario con once Ligas, nueve Copas y dos Copas de Europa, entre otros títulos. Y, quizá más importante, dejó en la retina momentos imborrables de fútbol basados en una superioridad estética absoluta. Con este bagaje bajo el brazo se retira el centrocampista, tal como anunció ayer el periodista italiano Fabrizio Romano y este periódico pudo confirmar. Aquí acaba un camino que empezó en Vigo y en Nigrán, con el Val Miñor como punto de partida.

Era una decisión masticada durante un año muy complicado, en el que una grave lesión de cadera le llevó a jugar tan solo cinco minutos contra el Arsenal en el mes de febrero. Nada más. Su contrato con el Liverpool acabó con más pena que gloria, pero el fútbol aún esperaba por él. Tuvo numerosas -y jugosas- ofertas del fútbol árabe. También del Girona, para su debut en la Liga de Campeones. Hasta el Celta se interesó en su situación por si existía la posibilidad de completar el trío de padre e hijos inaugurado por Mazinho y continuado, en dos etapas distintas, por su hermano Rafinha. Tan variadas propuestas hacen dudar a cualquiera. No fue excepción el mayor de los Alcántara. Pero el sufrimiento acumulado durante toda la temporada fue muy grande. Tanto en lo físico, como en lo mental, por el enorme desgaste que supone trabajar en una recuperación que nunca termina de llegar. De hecho, hay muchas posibilidades de que el ya exfutbolista tenga que pasar por el quirófano a medio plazo.

El dolor es lo que queda en este tramo final de su carrera. También el alivio de dejar de padecerlo. Pero no hace falta escarbar demasiado para encontrar gloria. Mucha gloria. Su talento fuera de serie floreció en el Val Miñor poco después de que su padre Mazinho, campeón del mundo, dejara un impacto imborrable en la memoria de los celtistas más talluditos. El Barcelona lo firmó y allí debutó como profesional. Con la camista azulgrana disputó 101 partidos, ganó cuatro Ligas, dos Copas y tres Supercopas, además de una Liga de Campeones. Su final en Liverpool no fue todo lo maravilloso que podría ser y aún así le trajo una FA Cup, dos Copas de la Liga y una Supercopa inglesa en 98 encuentros. Pero donde alcanzó su máximo nivel fue en Múnich. Con la camiseta del Bayern, Thiago jugó su mejor fútbol, con madurez y experiencia añadidas a su descomunal calidad. Ganó la Bundesliga en todas y cada una de las siete temporadas en Baviera. Además, cuatro Copas de Alemania y tres Supercopas. Y por encima de todo, la Liga de Campeones de 2020, con las eliminatorias disputadas a partido único en Lisboa por la pandemia. El vigués fue el gran artífice de ese título y el mejor jugador de esa edición. Una despedida por todo lo alto del club germano.

Ganó ese título con Hansi Flick, nuevo técnico del Barcelona. Y el entrenador alemán puede aparecer de nuevo en su camino. Y es que según apuntan varias informaciones, Thiago entrará a formar parte del cuerpo técnico azulgrana. Un paso inmediato al otro lado del fútbol, sin dejar el deporte que ama. Otro paso más en un camino, ahora con un enfoque distinto, que tuvo su primer paso en Vigo

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