El triunfo vivía en los Montes de Fragoselo
El Coruxo volvió a ganar tras siete jornadas en el reestreno de los técnicos redondelanos
Cambiar la cara a un equipo de fútbol con tres entrenamientos parece más trabajo de un mago que de un técnico de fútbol. Y por muy buenos que sean Jacobo y Marcos Montes, no preparan conjuros ni lanzan hechizos. Solo entrenan. Así pues, a falta de magia y de tiempo para desarrollar el trabajo y el talento, bueno es un puntito de fortuna que ayude a empezar. Esa que tantas veces les dio la espalda en el Celta B y en el Guijuelo les sonrió ayer en su vuelta al Coruxo.
Pero la suerte es efímera y cambiante. Y hay que buscarla. Y después de encontrarla, hay que mantenerla. Así, Chiqui transitó en conducción una contra bien iniciada por Alberto Domínguez -de vuelta a la titularidad-, combinó con Mateo, que se la dio a Silva dentro del área. El tomiñés porfió y la pelota llegó de nuevo a Chiqui, que la arrimó al palo con un derechazo cruzado. Suerte localizada.
No habían pasado ni diez minutos y el equipo verde logró lo que nunca lograba: meter la primera ocasión. Estar por delante siempre es positivo, pero quedaban 80 minutos y había mucho que remar. Y el Coruxo remó. Con Gandoy y Trigo ganando en el medio, Mateo era una solución constante para sus compañeros. El redondelano dio un clínic de juego sin balón, una faceta que suele quedar en segundo plano ante los quilates de su fútbol cuando tiene la pelota. Pero de sus caídas a bandas y de sus apariciones a la espalda de los mediocentros, el conjunto local generó desconcierto en el sistema de tres centrales de un Arenteiro que nunca tenía claro cuándo y sobre quién saltar en la presión. Y si desactivas el mejor arma del equipo de O Carballiño, tienes mucho ganado.
Volviendo al factor suerte, el equipo vigués no dejó de buscarla. Pero, al menos por ayer, ya había gastado el cupo goleador. Silva gozó de tres buenas situaciones para dar más tranquilidad. Pero no era su día. Sí el de su tocayo Diego García, el meta ourensano, de largo el mejor de su equipo, cerró el camino hacia el gol del ariete tomiñés hasta en tres ocasiones. También se interpuso entre Mateo y la red, tras una fabulosa acción del redondelano, en la que dejó sentados a dos defensas para luego no acertar con la derecha.
La liturgia del fútbol dice que cuando perdonas lo sueles pagar. Pero lo cierto es que la puesta en escena del Coruxo de los Montes había sido de buen nivel en cuanto a la propuesta combinativa y de ritmo alto -aquí aún queda por mejorar- clásica de los hermanos redondelanos. Pero es muy difícil ganar siempre a tu estilo. Sobre todo un grupo dañado en la estima y la confianza. Y más, cuando hay un equipo enfrente al que le hacen falta los puntos. El Arenteiro, con muchos viejos conocidos del fútbol vigués -Vitra, Sylla o Raúl Blanco entre otros-, dio un paso adelante en la segunda mitad. Y apretó. Pero el equipo verde supo incomodar sus dos facetas más poderosas: la transición y la pelota parada. El equipo de Fran Justo casi nunca pudo correr en el partido y no encontró efectividad en faltas y saques de esquina gracias a la solvencia mayúscula de Alberto en la portería y de la pareja de centrales Lucas-Crespo, inabordable ayer.
Los Montes blindaron la línea defensiva con Diego Martínez, que relevó a un tocado Trigo y mandó a De Vicente al centro del campo. Pero incluso cuando parece que no se sufre, se sufre. El Coruxo seguía fallando ocasiones en la portería contraria y temiendo el gran susto en la propia. Y llegó. Joni encontró un balón al espacio y en el mano a mano chutó fuera. Escalofríos. Después vinieron un gol anulado a Borja Domingo y una ocasión clarísima marrada por Álex Ares. Y también el pitido final. Con él, los primeros tres puntos en mes y medio y el estreno triunfal de los nuevos entrenadores. La victoria estaba en los Montes de Fragoselo.
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