Victoria afortunada del Celta pero trabajada en Almería

El Celta de Benítez ya sabe ganar tras imponerse en Almería (2-3) en un partido de errores que solventó con un gol de Swedberg

Publicado: 02 sep 2023 - 00:30 Actualizado: 02 sep 2023 - 12:04
Los jugadores del Celta celebran el primer tanto, obra de Unai Núñez.
Los jugadores del Celta celebran el primer tanto, obra de Unai Núñez.

Ya hay una victoria. Sufrida, afortunada, pero también trabajada. El Celta sacó los tres puntos de Almería en un encuentro en el que combinó crasos errores con sonados aciertos. Casi todo inesperado. Sobre todo, el gol de Williot Swedberg de cabeza a falta de dos minutos para el 90. Una noche de mercado que deja muchas cosas que mejorar pero tres puntos antes del parón. Es decir, tranquilidad para trabajar.

El Celta de Rafa Benítez está más pendiente del juego que del balón, de lo táctico que de lo técnico, del marcador que de los merecimientos. Por eso necesita de los resultados, más que del disfrute, para confirmarse. Se celebran los goles, se felicita el esfuerzo. Nada malo, sólo distinto. También porque al equipo le hace falta crecer, encontrar la manera de unir a la lección defensiva bien aprendida cierta alegría ofensiva. Con puntos todo se vuelve más sencillo.

Del once inicial llamó la atención la ausencia de Joseph Aidoo para dejar su sitio a Carlos Domínguez. El hecho de pasar muchos minutos en campo propio defendiendo, con preferencia del rigor táctico a la velocidad, parece estar dañando al ghanés y a su capacidad para jugar a campo abierto. El plan, en cualquier caso, era el mismo de siempre: presionar arriba de forma esporádica y no sentirse incómodo cuando el rival tiene el balón y tienes que replegarte. Con todo, el equipo vigués mostró ambición y actitud, con intención de pisar el campo rival. Además, se encontró pronto en una situación inédita para los vigueses en lo que iba de temporada: estar por delante en el marcador. Porque una falta lateral fue magistralmente sacada por Aspas y cabeceada en el segundo palo por Unai Núñez cuando la primera parte llegaba a su mitad.

El gol dio un amago de poso. Al menos, de sensación de control. El equipo se mostraba consistente y se animaba a la presión alta, de donde salió el segundo tanto. Porque Luca de la Torre molestó a Baba de espaldas y el balón le llegó a Larsen al borde del área. Con tiempo, el noruego colocó su disparo lejos del alcance de Maximiliano. Era el minuto 32 y el marcador sonreía, mientras el Almería se desesperaba. Se podía presagiar que era la situación ideal para un equipo que, hasta la fecha, se había mostrado sólido atrás. Pero ya el final de la primera parte contó con un par de claras ocasiones para los locales, pero Melero y Ramazani no acertaron con la portería celeste.

Fueron dos avisos que le pasaron desapercibidos al equipo vigués, porque al volver del descanso se mantuvo la cesión total del balón al rival y el encierro en campo propio excesivo. Todo se cifraba a esa fortaleza que parece consustancial a jugar con tres centrales, dos carrileros y cuatro jugadores por delante, negando los espacios al máximo y convirtiendo las ayudas defensivas en pan de cada día. Éstas parecían haber frenado una buena combinación ofensiva almeriense, pero el balón se quedó en el medio de los tres centrales célticos y Melero apareció para llevárselo y servírselo en bandeja a Akieme para que marcase. Era el minuto 53 pero el gol, fruto de un craso error propio, hizo daño.

El Almería mantuvo el interés por el balón e intentó moverlo con la suficiente celeridad, mientras en la banda Rafa Benítez se desgañitaba tratando de ajustar los movimientos colectivos en base al trabajo individual. Pero faltaba fe en los choque, en las pugnas de balón. Ramazani es un futbolista ecurridizo, de momentos, y en uno de ellos se abrió camino hacia el área celeste con demasiada facilidad y volvió a descomponer a los tres centrales: a la espalda de Unai, Starfelt salió al corte y Carlos Domínguez no detectó a su espalda a Sergio Arribas, que empujó a gol. Era el empate y quedaba por delante media hora.

El peligro de derrumbe era muy real. Sin embargo, Benítez apenas realizó un retoque sorprendente: sacó a Larsen, agotado, para meter al joven Swedberg. Tal vez el mensaje era que había que atacar y, aprovechando que el rival pasó por una leve crisis de falta de intensidad, el Celta comenzó a jugar de nuevo en campo rival. Por allí reinan Mingueza y Aspas, que siempre se buscan. Fueron minutos locos, con claras ocasiones para los dos lados, aunque la más contundente, del Almería, fue errada por Arribas.

Y apareció lo inesperado. Otro centro de Mingueza llegó hasta Manu Sánchez, que volvió a meter el balón al área para que Swedberg, que parecía perdido en el campo, lo cabecease a gol. Tres puntos, sufridos y afortunados. Pero también trabajados.

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