Hablemos en serio sobre los incendios

Hablemos en serio sobre los incendios

En agosto de 2006 ardieron miles de hectáreas en los montes de las cuatro provincias gallegas. El de mayor extensión y el más grave, en el que murieron dos mujeres carbonizadas dentro de un automóvil, fue en Cerdedo. Yo estaba allí para informar a través de la Radio Galega. Fue la única vez que vi el incendio que los bomberos forestales llaman "fuego de copas"; las llamas se propagan de la copa de un árbol a otra y cuando minutos después caen las brasas al suelo provocan otro incendio. Durante dos o tres kilómetros el incendio avanzó paralelo a la carretera que une Pontevedra y Ourense. Circulando a la velocidad del fuego, mi coche marcaba 50 kilómetros por hora.
Aquel año presidía la Xunta de Galicia el socialista Emilio Pérez Touriño que gobernaba en coalición con el BNG;  en la oposición solo estaba el Partido Popular liderado por Alberto Núñez Feijoo.  Los incendios abrieron un amplio debate entre los ciudadanos que se vio reflejado en los medios de comunicación. Para contrarrestar el desgaste político el Bloque se inventó un chivo expiatorio. Acusó a los militantes y simpatizantes del Partido Popular de incendiar el monte para desgastar el gobierno de izquierdas. Por su parte, Alberto Núñez Feijoo se fotografío con una manguera de bombero en las manos para demostrar la falta de efectivos en la lucha contra los incendios. En varias mesas redondas en la Radio Galega, negué la existencia de una trama.  Expliqué que los incendios se debían a la enorme sequía y las altas temperaturas, lo que había convertido el monte en un gran depósito de gasolina al aire libre. Cualquier imprudencia provocaba un incendio de grandes dimensiones. Pero el debate seguía entre los ciudadanos y el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, vino a Galicia para anunciar que un grupo de investigadores de la Guardia Civil se ponían a trabajar para aclarar la situación. Resultado de la investigación: cero patatero.
Este año vuelven a arder miles de hectáreas sobre todo en las provincias de Ourense y Pontevedra. Las condiciones del clima son muy similares a las de 2006: sequía y un otoño de altísimas temperaturas para la época, con el añadido de fuertes vientos procedentes de un huracán debilitado. Este año el presidente de la Xunta es Alberto Núñez Feijóo que,como hizo el BNG en 2006, se inventa un chivo expiatorio. Dice Núñez Feijóo que hay terrorismo medioambiental. El terrorismo tiene tres elementos básicos: una organización, un ideal que justifique las atrocidades y una reivindicación posterior. Ninguna de estas condiciones se cumplen en relación con los incendios. Como en 2006 también se anuncia una profunda investigación a cargo de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Yo sigo manteniendo que no hay ninguna organización ni nadie provoca directamente el fuego en los montes. Todo, como siempre, es fruto de la imprudencia, así lo atestiguan las pocas detenciones que se han efectuado, una por hacer una barbacoa y la otra por quemar rastrojos. En un informe de la Guardia Civil se asegura que uno de los incendios procedía de un fuego portugués. Tampoco es cierto, como afirman los alcaldes de casi todos los ayuntamientos en los que hubo incendios que fueran intencionados. De ser así, Galicia tendría un grave problema de salud mental que no ha sido detectado por el servicio de psicología del Sergas. Además, serían unos pirómanos muy extraños que solo le plantan fuego al monte. No se sostiene, esas acusaciones no son creíbles.
Con el aumento de las temperaturas y la escasez de lluvias los gallegos debemos acostumbrarnos a que haya incendios. Habrá que mejorar algunas cosas: separar las casas del monte, no permitir edificar cerca de las zonas arboladas y otras medidas de las que hablan los expertos. Por ejemplo: hay algunos especialistas que hablan de cambiar la técnica de acometer los fuegos, en vez de volcar todo el esfuerzo en apagar el fuego se debe intentar "pastorear" el incendio, llevarlo a las zonas que nos convenga. No tengo la solución pero hay que acabar con la mentira de que todos los incendios son intencionados. Y así nos enfrentaremos al problema de los incendios de la manera correcta.