¿Un siglo mayor de edad?

¿Un siglo mayor de edad?

Mi padre perdió toda esperanza de que me llegara el sentidiño con los dieciocho años. De hecho es probable que hoy mismo piense que su concepto de tal virtud sigue sin hacer acto de presencia en mí. 
El siglo XXI cumple la mayoría de edad constitucional española, y tampoco parece que los años le traigan más sentido común, madurez, responsabilidad ni peso específico alguno, y aunque por su propia naturaleza la evolución implica transformaciones continuas en el entorno natural y en los seres que lo habitan, ello no quiere decir que sean necesariamente buenas. 
Sobre todo teniendo en cuenta que los cambios están principalmente en manos del ser humano, que no se caracteriza en primera instancia por valores como la solidaridad, el respeto, la fraternidad o la paz. No hay más que escoger tres o cuatro titulares de prensa. El año del Pacto contra la Violencia de Género se cierra con al menos 47 víctimas mortales, casi un millar desde 2003. Y en un país en el que los adolescentes no perciben los micromachismos y conviven de forma natural con este tipo de violencia, el futuro se antoja desalentador.
Los muertos por ataques terroristas en el mundo en 2017 se cuentan por millares y las medidas para combatir esta lacra a nivel internacional, y sobre todo por lo que respecta a las grandes potencias con intereses económicos y geopolíticos estratégicos, están lejos de ser afortunadas.
El 1% de las personas más ricas del mundo ha atesorado en los últimos cuatro decenios un tercio de los ingresos mundiales, mientras que el 50% de los más pobres solo ha ingresado el 12%. El informe sobre la desigualdad global 2018 deja patente un mundo más desigual que nunca y por lo tanto más inestable. Y a mayor desigualdad, mayor violencia.
Mientras tanto, en el ámbito más doméstico hay gente que tras haber transgredido todo el ordenamiento jurídico y el conjunto de las reglas democráticas se preocupa y se ocupa en intentar investir un tele presidente de Cataluña y formar un gobierno a distancia, dejando constancia de que el siglo también nos deja cosas positivas que vienen de la mano de la innovación tecnológica, pudiendo tal vez llegar a votar disposiciones legislativas en un grupo de whatsapp.
Es pues indiferente como contemos el tiempo, por siglos, por años o por días. Aproximadamente 736.205 días -año bisiesto arriba o bisiesto abajo- después de aquel raro Mesías al que crucificaron -por si acaso-, seguimos haciendo, en gran medida, el gilipollas, y sin ponernos de acuerdo para poder convivir unos pocos siglos más. Que muchos no van a ser.