La luz y más cara

La luz y más cara

La noticia, a pesar de ser habitual y reiterada, no deja de indignarnos, aunque algunos la puedan recibir amortiguada por el letargo que produce la salida del verano. El precio de la electricidad llega a su máximo anual –de momento- y se traducirá en un incremento aproximado de seis euros en el recibo de la luz del mes de agosto. 
De nuevo la luz y más cara, en el sentido no solo de que nos costará más, sino también en el hecho irrefutable de que los responsables de este atraco a mano armada  tengan más cara, menos vergüenza cada vez. Como el universo insondable o el infinito, o más allá, el final de esta patraña no parece tener fin ni justificación aceptable.
El próximo 19 de septiembre la ministra para la Transición Ecológica –ya ni el nombre del ministerio se entiende- tiene previsto comparecer en sede parlamentaria para explicar el hecho de que el precio de la energía se dispare casi un ocho por ciento, alcanzando los 70,99 euros el megavatio/hora (Mwh). O lo que es lo mismo, la razón de que el recibo de la luz siempre se venga arriba, mientras nosotros nos venimos abajo. 
No piensen que de la mano de la justificación política vendrá la fórmula mágica para comprender los cálculos de la minuta eléctrica mensual, ni la sinrazón de que el Gobierno –todos los gobiernos sin excepción- permita campar a sus anchas a las eléctricas, dejando en sus manos el control y haciendo de la política energética la nada vacía. La ministra nos dirá que es culpa del calor y del aire acondicionado -que yo ni muchos de ustedes tenemos- así que la culpa será de El Corte Inglés, que lo pone muy fuerte en verano y para ir a las rebajas tienes que ir de invierno y cuando llega el otoño para comprar el anorak del niño puedes poner bermudas y chancletas, que la calefacción está como en la antesala del averno. 
También influye en esta escalada de precios -como no- el alto precio de los combustibles fósiles, del que la política y las economías gubernamentales tampoco tienen nada que decir, claro. Y los franceses, que nos tienen manía porque antes ganábamos el Tour y ahora no consiguen echar a Rafael Nadal de la ensaladera del Roland Garros. Así que apagan sus centrales nucleares en verano e importan energía española, lo que incrementa la demanda y a menor oferta mayor aumento de precio. Damos por descontado que la luz sube, que será más cara cada vez. Y que la jeta de quienes tienen competencias pero no intención de cambiar esto, es de hormigón armado. El último que apague la luz.