La vida sigue igual (o peor)

La vida sigue igual (o peor)

Hace exactamente un año, el 6 de septiembre de 2017, el Parlamento de Cataluña sancionaba una ley propia firmada por el entonces presidente Carles Puigdemont, por la que se convocaba el referéndum que un mes después desembocaría en el acto de rebelión en el que ese mismo Parlamento aprobaba la constitución de la República independiente de Cataluña con todo lo que vino después. Aunque muchos hayamos olvidado ese primer acto unilateral de soberanía en el que el Gobierno catalán firmaba un texto contrario a la ley, es ese 6 de septiembre cuando se produce la primera prueba oficial de rebelión y por tanto, es la primera decisión específica por parte de la cúpula política catalanista para protagonizar un golpe de Estado. En el saco casi interminable de mentiras y añagazas que el nacionalismo catalán ha esgrimido para explicar unas actuaciones que en realidad tratan de exculpar un ataque  frontal a la soberanía nacional y el Estado de Derecho, uno de los más manejados es aquel que trata de contarle al mundo que hay ciudadanos catalanes en la cárcel por el mero hecho de poner en la calle unas urnas para expresar su voluntad. En realidad, la raíz de todos este proceso posterior se producía ese 6 de septiembre del pasado año cuando el Parlamento elaboraba una ley propia para otorgar apariencia legal a una situación ilegal. “El pueblo de Cataluña –decía el primer artículo de aquella ley- es un sujeto político soberano y, como tal, ejerce el derecho a decidir libremente y democráticamente su condición política”. A partir de allí, hubo abundantes advertencias por parte del Tribunal Constitucional y otras instancias judiciales de idéntico rango, llamadas al diálogo por parte del Gobierno, avisos inequívocos de todas las instituciones, declaraciones explícitas de los poderes del Estado  determinando las responsabilidades en las que incurrían las autoridades catalanas… No hubo manera. Puigdemont se fue a la TV3 y puso rostro y voz a la asonada. Hoy vive exiliado en venerable advocación de patriarca de la libertad agredida.
Hace un año, por tanto, que ocurrió lo que ocurrió. Un año en el que, tras un nuevo referéndum que ganó Ciudadanos y por el que gobernó el bloque soberanista, se eligió a Torra como tardío presidente, y tras la retirada del 155, todo sigue igual. O peor diría yo. Acabó de escuchar a la ministra Batet haciendo magia en la tele. Bendita ella y su universo de ilusión a la catalana.