El pastor de nubes ataca de nuevo

El pastor de nubes ataca de nuevo

José Luis Rodríguez Zapatero es un enigma viviente. Lo fue durante el tiempo en el que fue residente en la Moncloa desempeñando una presidencia del Gobierno aquejada de numerosos puntos débiles, y lo es ahora, cuando ha dejado atrás ese inquietante periodo de nuestra reciente historia y se ha dedicado a pastorear las nubes, como él mismo reconoció una vez convencido por sus propios militantes de que no se presentara a unos nuevos comicios. Convertido como otros tantos ex jefes de Gobierno en dudoso conferenciante y perejil de muchas salsas, podía haberse contentado con percibir una apetitosa nómina por cumplir con sus llevaderas obligaciones en el Consejo de Estado, pero prefirió la solución más arriesgada si bien la más atractiva y apetitosa para no aburrirse. Se hizo mediador internacional, lo que no le ha impedido continuar implicado en la actividad de su partido para bien o para mal. Zapatero asoma de vez en cuando, influye, aconseja, inspira y favorece o deshereda, una tarea que desempeña aplicando a todas sus acciones la misma expresión ausente y pasmada. No es sencillo intuir sus movimientos y apuesto a que en su partido los hay a cientos que están de él hasta las cejas. Pero como siempre ha hecho, aguanta.
El problema más grave se plantea sin embargo en su calidad de mediador, donde sus apariciones no acaban de cursar un orden lógico teniendo en cuenta que las situaciones de conflicto donde se ha dejado ver no solo no se han resuelto, sino que se han complicado.  Zapatero estuvo en Cuba reunido con Raúl Castro, ha estado en Bolivia departiendo con Evo Morales, ha pasado por el Sahara Occidental auspiciado por el gobierno marroquí, y asoma ahora por la Venezuela en la que Maduro ha renovado su presidencia apelando a un vergonzante referéndum trampa. Personalmente, no solo me pregunto qué hace Zapatero en Venezuela y qué misión está cumpliendo este hombre en semejante escenario, sino a quién se le ha ocurrido confiar en él para mediar en un conflicto que presenta tal cantidad de rincones oscuros. Persecuciones, manipulación, silencio, elecciones amañadas, desprecio a la libertad, cárceles, represión y mucha sangre.
Zapatero recuerda en estos días el patético caso de Kofi Annan respaldando las tesis etarras y lesionando gravemente con este comportamiento su antigua condición de presidente de Naciones Unidas. Lo mismo está haciendo Zapatero en Venezuela, comprometiendo de paso las posiciones que ha decidido adoptar sobre este desgraciado contencioso la diplomacia española.