Lo bueno del verano

Lo bueno del verano

Lo bueno que tiene el verano es que ofrece un amplio abanico de posibilidades de desconectar, una hipótesis nada descartable incluso para los que hemos estado asomados a la actualidad por devoción o por obligación toda la vida. Como en mi caso la obligación ya no existe al menos en condiciones de máxima exigencia, y la devoción es cada vez frágil, el verano se me antoja un refugio en condiciones terapéuticas que me permite olvidarme incluso del problema catalán, que he comenzado a considerar como no mío sino del presidente Sánchez y allá él que lo resuelva como pueda, que para eso tenía  un cajón lleno de claves para manejarlo con supuesta  competencia, aplicando la eterna cantinela de diálogo, diálogo y diálogo. Por el camino que va, ese brindis que se marcó antes de llegar a Moncloa lleva trazas de convertirse en un callejón sin salida. Pero lo bueno es que es verano, estamos de playas por el día y al anochecer cenas servidas sobre coquetos mantelitos a cuadros, aunque no somos totalmente tontos para obviar la respuesta del separatismo catalán a las propuestas del Gobierno. Su postura a pesar de todas las cesiones que el presidente está afrontando. Todos los días hay algo nuevo y ayer supimos que la CUP no acudirá a los actos a celebrar el día del Aniversario de los atentados de Las Ramblas y que Òmnium y ANC lo harán en la puerta de la cárcel para homenajear a Forn y al ex mayor Trapero. Solo cabe esperar al respecto, que el presidente Sánchez desarrolle todas las medidas que la ley contiene para salvaguardar al rey Felipe con su presencia en los actos para evitar que se produzcan situaciones tan vergonzosas  como las del año pasado.
Lo más doloroso es que, un año después de estos trágicos sucesos, los Mossos se han decidido a descargar la conciencia y han reconocido públicamente que se equivocaron en su tratamiento al imán que adoctrinó a los terroristas del que conocían al dedillo sus antecedentes penales y al que no prestaron la atención debida permitiéndole elaborar todo el plan que acabó en el baño de sangre del 17 de agosto. El gobierno catalán de entonces se encargó de tapar todas las dudas que suscitaba el procedimiento empleado. Ahora, los propios policías lo reconocen. Pero bueno. Nos olvidamos que para eso es verano