La primera entrevista

La primera entrevista

Ya dicen los manuales de la información que no hay medio que mejor se amolde a los cambios de la situación política que la televisión pública y el proceso en la nuestra ha sido vertiginoso aunque no por ello pueda sorprendernos. El presidente Sánchez ya ha aparecido en ella con etiqueta protagonista y aire inspirador. Los periodistas de la casa le han sometido a un diálogo pactado que jamás podía aspirar en ponerlo en el más mínimo apuro, y se ha aderezado el espacio con esas tomas de fondo tan socorridas que muestran la vida cotidiana del habitante de la Moncloa. Paseando, sonriendo y haciendo deporte. No hay nada nuevo bajo el sol.
Por desgracia, la entrevista fue un ejercicio de inutilidad manifiesta desde el punto de vista informativo porque, siguiendo las consignas que han caracterizado la vida política de este superviviente, huye como gato del agua de cualquier clase de compromiso. Sánchez expresa sus directrices, formula las promesas que los administrados quieren escuchar, pero jamás explica cómo se hace eso. Por ejemplo, expresó su deseo de acercar a los presos catalanes pendientes de ser juzgados por rebelión pero se guardó muy mucho de explicar a los televidentes cómo va a afrontar de verdad y en toda su alarmante intensidad el problema de la Cataluña independiente. Su teoría económica es, en general, muy atractiva si pudiera pagarse. Y como suele ser su costumbre, no nos desvela cómo puede financiarse este plan tan ambiguo. Tampoco se lo preguntaron, claro está, porque los dos  encargados de promover el diálogo llevaban aprendido a marchas forzadas el procedimiento y no es cosa de poner en un aprieto al que, a partir de ese momento, se ha convertido en su máximo señorito.
No hubo más que una novedad en el discurso del presidente. El reconocimiento público de que ya se le ha olvidado su promesa de convocar elecciones lo antes posible. Para adobar la moción de censura afirmó que lo haría de inmediato. Tras ganarla dijo que lo haría en un tiempo prudencial. Ayer  reconoció ante la audiencia que agotaría la legislatura. Lo hará sin duda porque esas eran sus intenciones desde el minuto uno. Al menos, ya sabemos que todo lo dicho anteriormente no valía.