Empezamos bien

Con el supuesto trasfondo de una ronda protocolaria de contactos con los presidentes autonómicos, Moncloa hizo saber ayer que Pedro Sánchez había mantenido su primera conversación con Quim Torra. Muy buenas vibraciones debió obtener de este contacto el recién estrenado primer ministro porque poco tiempo después, le levantaba al Gobierno de la Generalitat los controles financieros sin que, al menos aparentemente, se conozca modificación alguna en los planes independentistas del ejecutivo catalán. El triunfo de la moción de censura que ha convertido a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno, ha sido saludado desde Cataluña sin la más mínima turbación en la hoja de ruta del independentismo, de modo que Torra y su equipo han hecho incluso vanagloria pública de la inmovilidad de su postura. El presidente catalán, su equipo de gobierno, el presidente de su Parlamento y en general las instituciones oficiales que rigen los destinos de la Cataluña posterior a la derrota de Rajoy, siguen manteniendo que su objetivo es la construcción de una Cataluña republicana e independiente, una planificación que retoma el ámbito anterior al 155 y que promete regresar con mayor virulencia incluso. El mismo día en que Sánchez mantenía esta comunicación con Torra, un violento grupo de estudiantes independentistas reventaba por la fuerza un acto dedicado a Miguel de Cervantes en la Universidad de Barcelona organizado por asociaciones partidarias de la unidad. 
Pedro Sánchez ha asomado sus intenciones nada más probarse el asiento de Moncloa y esas intenciones inquietan por muy colorido y vistoso que sea su gabinete. La medida derogada ayer por el presidente constituía un freno real y muy conveniente para fiscalizar las actividades de la Generalitat en materia contable impidiendo que el dinero de todos se gastara de manera partidista, teniendo en cuenta por otra parte que la tendenciosa y catastrófica gestión económica de los predecesores a Torra había creado una situación contable próxima al desastre. Torra no ha mostrado cambio alguno, la situación es igual o peor, los objetivos no se modifican y no hay voluntad de enmendarse. ¿Entonces?...