El único país del mundo

El único país del mundo

Sospecho que es España el único país del mundo en el que a uno le pueden matar por exhibir su propia bandera. No se trata de ninguna afirmación frívola ni gratuita. Es una verdad dolorosa y lacerante que nos hace más míseros y supongo también, más incomprensibles especialmente para aquellos con los que compartimos civilización. He tratado de averiguar si esta aberración se ha producido en otras latitudes y mi búsqueda no ha tenido éxito. Los hechos ocurridos en Zaragoza no tienen parangón hasta la fecha.
He procurado no imaginarme qué hubiera ocurrido si este caso vergonzoso y apabullante se hubiera producido al revés. Me imagino un nacionalista catalán golpeado hasta la muerte por un criminal furioso liado en la bandera roja y gualda y estoy seguro de que estaríamos asistiendo a un escenario completamente distinto al modesto eco que ha despertado este hecho. Estaríamos ante un panorama dantesco. Pero este dramático episodio que se ha cobrado la vida de un hombre cuya una responsabilidad demostrada hasta el momento era la de llevar unos tirantes con los colores de la bandera de todos, no ha cobrado otro rango que el de una anécdota aislada que se narra  tangencialmente en los periódicos y se olvida como se olvidaron anteriores hazañas cometidas por este sujeto, un joven chileno nieto de un almirante colaborador directo de Pinochet, capaz de agredir a un policía municipal y dejarlo tetrapléjico. Dicen   las informaciones a las que yo he tenido acceso que su condición de miembro de una familia acomodada le libró de un castigo severo y que su caso estuvo entre las manos de la presidenta Bachelet que le prestó amparo. Desconozco si eso es cierto y me gustaría  muchísimo que no lo fuera.
Instrumentar políticamente una víctima es una acción mezquina. Y por eso  estoy convencido de que el separatismo catalán y el perfil de los que lo manejan no tendría el más mínimo sonrojo de hacerlo hasta sus últimas consecuencias si el asunto se hubiera producido a la inversa.  Carente de escrúpulos la causa y habituado a la manipulación, cualquier suceso es bueno si sirve y  no hablemos ya de un muerto. Marta Rovira, este producto a piñón fijo del independentismo que no atiende a razones, no tuvo empacho alguno en mentir acusando al Gobierno de ir a buscar una víctima en sus intervenciones. 
La tragedia sin embargo es la que es y la víctima lo fue por causa de una bandera y en plena campaña electoral. Se olvidará mañana mismo.