Donde anidan los “temazos”

Donde anidan los “temazos”

A mi personalmente me dice más bien poco el recuperado programa de la televisión pública “Operación Triunfo”, cuyos concursantes son chicas y chicos muy jóvenes enfrascados en una dura pugna por ser la mejor voz del certamen. Existe un jurado que señala aquellos que deben salvarse en cada gala y cuáles han de someterse al dictamen popular para abandonar el espacio, y hay una academia constituida por profesores en varias materias -todas ellas   relacionadas con la expresión artística- que van formando a los concursantes y preparándolos no solo para disputarse la permanencia en cada cita sino, y lo que quizá es más destacable, para que adquieran una formación sólida que les permita continuar su  carrera como intérpretes una vez sean expulsados. Hasta aquí todo va bien y la fórmula empleada es sensata y razonable.
El asunto sin embargo se complica  con el análisis ponderado de lo que en realidad solicita el concurso a sus concursantes y la equivoca administración de las virtudes y los defectos de cada uno de ellos no siempre en función de sus virtudes musicales y en muchos casos mediatizadas por la capacidad de captación de audiencia que los expertos de la compañía que elabora el producto adivinan en la personalidad de cada uno de sus cantantes e incluso de los jurados del evento a los que se adjudica un perfil que ellos mismos deben desempeñar. Hay un juez amable y sensible que es Martos, una diva poderosa y agresiva que es Naranjo y un sujeto somnoliento que despierta de su letargo para arrear vergajazos que es Joe, el mismo que mandó al infausto Manel a hacer el ridículo en Eurovisión. El cuarto integrante es variable y casi nunca se moja.
Sospecho que la música es un factor más pero no el más determinante en el desarrollo del concurso en el que las voces de los protagonistas son muy homogéneas y se parecen demasiado a las del Festival de Benidorm salvo honrosas excepciones. El espacio ha montado una línea paralela especializada en sentimientos y relaciones juveniles, especialmente interesada en apostar por la diversidad, con tiernos besos homosexuales, rencuentros “trans” e incluso  escarceos heterosexuales con “cobras” incluidas. Una línea fatigosa y estomagante Y luego está el particular lenguaje. Ese que todo lo termina en “azo”. Los músicos son “musicazos”, las canciones son “temazos” y los chicos que van para “artistazos”. Ay Dios…