Cosas de americanos

Cosas de americanos

Acabo de colgar el teléfono a un buen periodista, compañero de promoción con algunos años de corresponsalía en Washington pegados a las costillas y un conocimiento serio y riguroso de las cosas especialmente de las que competen a su mundo de referencia en aquella aventura profesional que le hizo vivir una época de un valor incalculable. Somos muy osados los españoles, dice, analizando los fenómenos sociales y políticos de los Estados Unidos sin el menor reparo, simplemente porque hemos visto cientos de telefilmes que nos han acercado hasta el lejano e inmenso país y su ámbito supuestamente más cotidiano. Esa es la conclusión que obtenía él de todo este abundante e incesante coloquio que analiza la bondad del premio Nóbel para Bob Dylan y la fuerte polémica que rodea a los dos finalistas que se aprestan a conquistar a cara de perro, el despacho oval de la Casa Blanca.
Leer a Dylan en castellano es igual que leer a Lorca en inglés y yo me pregunto cómo se le puede traducir a un guiri para que lo entienda aquello de “tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil. Viva moneda que nunca se volverá a repetir” átale el rabo a esa mosca. Yo he tratado de traducir por mis propios medios algunas de las letras que el juglar Bob farfulla en sus canciones y reconozco que no he sabido ahondar en su trascendencia como le pasará a un intelectual de Boston empeñado en catar las esencias de Federico y su poesía en clave de romancero gitano. Otras veces las he leído traducidas al castellano y en la mayor parte de las ocasiones me he quedado tan frío como inicié. Dylan, Walt Whitman, Poe… Dice mi amigo que también se lo podían haber dado a Woody Allen y tampoco se hubiera cometido una herejía. Si me dieran a escoger yo ya sé qué escogería. A Grouxo Marx.
Desde el punto de vista político mi amigo dice que la calidad de los dos candidatos a la presidencia del país es tan ínfima que los estadounidenses han sido condenados a elegir entre el susto y la muerte. Está ligeramente convencido de que van a elegir el susto pero aún así no está tranquilo. Cualquiera de los dos hubiera convertido en figura universal a Jimmy Carter. Yo debería empezar por tratar de entender un sistema electoral endemoniado. Pero es inútil porque para mí es un enigma comparable al béisbol. Así que allá ellos y sus candidatos.