Y a mí qué me cuentas

Y a mí qué me cuentas

Qué música te gusta: Me gusta la música que me gusta: la de los caballitos no es de las peores. 
 Qué libro tienes sobre la mesilla de noche: ‘La felicidad fue aquella vez’; son historias cortas de mi vida que nunca me cansaré de releer.
 Un lugar para perderte: Las piernas de una mujer hermosa; aunque luego sean lo primero que uno aparta.
 Un lugar para encontrarte: En el murmullo de la conversación con una amante que guarda silencio; en el soplo ululante de la noche; en la meditación guiada por el bullicio de los cuatro elementos: agua, viento, tierra o fuego.
 Una razón para viajar: La experiencia de sentir. Todo lo que se puede fotografiar expresa poco.
 Un viaje pendiente: Hay muchos: el Parnaso, el Olimpo, el Mato Groso. A la mierda, que yo sepa, nadie va ni aunque lo manden.
 De qué discrepas: Del atavismo como razón: el que no nos permitan comer a dos carrillos solo acrecienta la dispepsia; cuando nos conminan a ser diestros nos dificultan el poder ser ambidiestros. El burro por más vueltas que dé a la noria, jamás sabrá lo qué es una circunferencia. 
 Una virtud: La mentira. Si todos fuésemos por ahí diciendo la verdad nos odiaríamos a muerte. Sería el ‘sincericidio’ colectivo. 
 Un vicio deleznable: La fe excluyente: creer que nuestro dios es el mejor nos convierte en meros tifosi; los templos de oración no pueden ser estadios de alto riesgo. 
 Y de la violencia de género, qué opinas: La duda ofende: el uso de la fuerza, ya sea la física o la de la seducción, para imponerse al otro es deplorable; la fuerza de la inteligencia es la que debe primar, para ceder. La fuerza del amor es la ideal, pero eso ya es cosa de dioses.
 Qué le aconsejarías a un amigo solterón: Cásate con una mujer joven, que así ya tenemos barragana. 
 ¿Te acostarías con la mujer de un amigo?: Sería asqueroso, como el sexo cuando se hace bien. El erotismo de la amistad es un misterio mayor que el de la Santísima Trinidad. 
 Qué te hubiese gustado ser en la vida: Lo que fui: taladrador de nubes, jinete de arcoíris, deshollinador de tormentas…
 ¿Y si no?: Hombre objeto. Pero tampoco le hubiese hecho ascos a un caletre como el de Leonardo da Vinci. 
 Qué es para ti la libertad: Difícil cuestión: vivir prisionero de un ideal no deja de ser una forma de esclavitud. Como estar prisionero del amor no impide ser libre. El amor, como el Red Bull, si no te da alas no es más que una pócima adictiva y tóxica. 
 De qué sientes celos: De la sonrisa de un hombre modesto. El boato de los humildes me deslumbra. Me dan mucha envidia. 
 ¿Qué opinas de la política actual?: Necesita un restyling: ‘Un hombre un voto’ ya no es más que la oligarquía de la mayoría contra los mejores, acaudillada por los mediocres. 
 El peor rival: Uno mismo.
 El mejor consuelo: Lo que sucede es lo mejor; es la fe de los agnósticos.
 Una máxima: ‘Cuando soy bueno, soy bueno; cuando soy malo, soy mucho mejor’. Lo dijo Mae West, aunque a mí la sed de venganza se me disipa con dos birras: es mear y el mal trago se me olvida.
 Una injusticia: La herencia: el nieto de Amancio Ortega tendrá pasta sobrante para él, sus hijos, sus nietos, los nietos de sus nietos y así hasta veinte generaciones. El de un africano de clase media, ya tendrá dificultades a la hora de tomar el primer tetero, o disponer del primer pañal. Y los dos tienen idéntico mérito: haber venido al mundo pringados de líquido amniótico y a berrido limpio. 
 Un consejo: Nadie puede aconsejar a nadie, si no es nadie.
 Un epitafio: La vida es una mierda; y aun por encima hay que morirse.
 Gracias yo: De nada tú.