Otro clima

Hay que reconocer que el clima político y social de nuestro país ha cambiado desde la moción de censura. Yo diría que se respira tranquilidad e incluso un cierto optimismo.
Tengo la sensación como si de repente se hubieran abiertos las ventanas de una habitación cerrada y entrara aire fresco.
El Gobierno, en líneas generales, cae bien, y sin duda los ciudadanos, expectantes eso sí, le están dando un voto de confianza.
Es más, creo que no es que se espere que este gobierno haga grandes cosas porque al fin y al cabo la legislatura es corta y el PSOE no dispone de mayoría suficiente, pero aún así ojalá Sánchez y los suyos no se queden en una política de gestos. Las políticas de gestos son gratis pero a la larga no arreglan los problemas reales de los ciudadanos.
Y además del paro, de la precariedad laboral, de que funcione de una vez por todas la Ley de Dependencia o que se revierta la situación en la sanidad pública, el desafío más grande al que se tiene que enfrentar Pedro Sánchez continúa siendo Cataluña, pero no solo.
La cuestión estriba en si el presidente tiene convicciones firmes sobre España. Si continua creyendo que España un "estado plurinacional" o hasta dónde está dispuesto a ceder en las pretensiones de los partidos independentistas.
Hace unos días la ministra Meritxell Batel propugnaba una reforma de la Constitución para abordar el problema catalán, pero como ella sabe, esa reforma es imposible siquiera iniciarla en esta legislatura. Pero además, no hay reforma posible si no es a través del consenso. No se puede sustituir o modificar la Constitución del 78 por una Constitución que solo sea de una parte.
Pero el que no se pueda modificar la Constitución ahora, no significa que el Gobierno tenga que estar de brazos cruzados.
El Lendakari Urkullu le ha pedido a Pedro Sánchez empezar a negociar sobre las 37 competencias que tienen pendientes amen del viejo sueño peneuivsta de disponer de Seguridad Social propia.
La política del PNV en los últimos años ha sido ciertamente inteligente. Revindican pero sin poner al Estado contra las cuerdas.
Es de esperar que Pedro Sánchez sea consciente de que hay rayas que ningún presidente del Gobierno de España deber de traspasar y una de esas rayas es precisamente no romper la Caja de la Seguridad Social.
De la misma manera que hay otras rayas que no puede sobrepasar cuando se siente a hablar con Joaquím Torra.
Una cosa es llevarse bien y otra muy distinta aceptar lo inaceptable para llevarse bien.
Es en este terreno donde de verdad Pedro Sánchez se la juega. Veremos.