Tiempo para la reflexión

Tiempo para la reflexión

No es la primera vez en la historia que la autonomía catalana es intervenida. A la fallida Mancomunitat de 1914 se sumaron la intervención de 1934 y la suspensión de 1939. Ahora, en 2017, justo en el 40 aniversario de la recuperación del autogobierno en 1977, se produce otra intervención. Cada episodio de este tipo tuvo sus propias características pero hay un nexo común en una comunidad que inventó la era de los gobiernos regionales en España. Tal vez sea un buen momento para coger perspectiva ante el llamado problema catalán.
Al aplicarse el artículo 155 de la Constitución española, el día a día de la política catalana parece que va a gestionarlo Soraya Sáenz de Santamaría, lo que hará posible que el presidente Mariano Rajoy pueda hacer política. Pero, obviamente, no solo él debe hacer política en España y en Cataluña; máxime cuando está abierta la vía de una reforma constitucional y el Gobierno de España está en minoría en el Congreso.
Las últimas encuestas indican que el independentismo mantendría su mayoría sin llegar al 50%, pero sea cual sea su nivel de representación es evidente que exige encauzar su legitimidad política. Mirar para otro lado no solucionará nada. Si bien haber culpables, eso no dará solución al problema, un reto histórico que exige, sin duda, estadistas.
La agilidad y audacia de Mariano Rajoy al convocar elecciones el 21 de diciembre es meritoria pero exige reflexionar y actuar sobre la marcha, si se quieren hacer las cosas bien. En diez días se deben formalizar las coaliciones electorales para el 21-D en Cataluña, así que el reloj ha comenzado a correr para el PDECat y ERC, que deben tomar una decisión sobre presentarse o no y si lo hacen en una lista conjunta. De entrada, la CUP parece reacia a presentarse a las próximas elecciones autonómicas.
De lo que se trata ahora es de mirar al futuro con los mimbres que hay, lo cual no será fácil, pero tampoco imposible. Hay países -entre ellos España- que se levantaron tras guerras y dictaduras. Por tanto, la situación, siendo grave, tampoco es una tragedia. Cataluña tiene mimbres suficientes para salir adelante y a España eso es algo que también le vendrá bien. Seguramente hace falta tiempo para encontrar su encaje pero la historia debería enseñarle a los actuales líderes y a los que vendrán que no merece la pena repetir los errores del pasado. No solo se trata de recomponer la situación política en Cataluña, devolviendo a los catalanes sus instituciones de autogobierno, sino de superar -de verdad- la crisis constitucional más grave que ha enfrentado la democracia española en sus cuarenta años de vida.