Modas que destruyen

Modas que destruyen

Corríjanme si estoy errado, que quisiera estarlo. Los avances de la técnica y de la tecnología son impresionantes y muy buenos para la humanidad, sin duda alguna. Gracias a ellos hoy en día –y esto es de Perogrullo- estamos mejor comunicados y la globalización es un hecho. Pero, como en todos los sectores de la vida, es la moderación y el equilibrio, una virtud necesaria, y déjenme que me explique. Ahora nadie es capaz de viajar sin su móvil que suena en los momentos más inesperados y para los temas más baladíes a cualquier hora de la noche o del día y esto, al menos para mí, es desconcertante.
En las aulas hay que prohibir los móviles porque los alumnos los utilizan para mil cosas: hablar con cualquiera, mandar un wasap, jugar y hasta irse al célebre Wikipedia y si te descuidas copian el examen entero. Pero aún hay más. Van por la calle como autómatas y sus dedos funcionan a velocidad de vértigo para manejar el móvil. Increíble el tiempo que hoy en día los jóvenes y también los mayores dedicamos a ese invento. Y así poco a poco desaparece telégrafos, las cabinas telefónicas de nuestras calles e incluso está bajo mínimos correos y los teléfonos fijos de nuestras casas.
Quisiera hacer hincapié en algo para mí más grave. Y es que en muchas reuniones e incluso comidas familiares allí ponemos al lado del plato el móvil que estamos usando rompiendo y destruyendo la convivencia familiar. Es un hecho. Iba a decir que es casi imposible que una cena, una comida o una reunión de cualquier tipo transcurra pacíficamente sin que los móviles interrumpan continuamente el diálogo y la convivencia y esto es muy grave. Como lo es que se coma a cien por hora sin hablar siquiera, para trasladarse a la habitación para utilizar el ordenador o el mismo móvil u otros artilugios del momento.
Tengo una experiencia reciente muy lamentable. Un matrimonio que para mí era perfecto, de repente piden el divorcio. Le dediqué mil y una entrevista a los cónyuges sin lograr descubrir la causa hasta el final. Y era que la esposa estaba totalmente “drogada” con el ordenador. Llegaba del trabajo y lo encendía y cuando llegaba el esposo ni cena ni comida y así un día tras otro. Se sabía todos los manejos de su computador y las diversas conexiones a internet. Incluso la buena señora se negaba a tener hijos. Ahora, divorciados, el marido ya tiene dos.
Hay muchas clases de drogas hoy en día y bien creo que una de las más graves es la adicción a los móviles y a internet que, por lo que se ve, maneja el mundo destruyendo incluso familias al conseguir contactos de todo tipo. Sé de una señora de un matrimonio feliz, que conoció a un hombre por internet, renunció a su marido e hijos y se fue tras él a un lugar lejano de España desde Lisboa. Cual sería su sorpresa que al llegar a conocerlo él le dijo que todo era broma y que él tenía su familia. Cuando la buena señora quiso regresar, su marido e hijos ni la recibieron y pasó de vivir de un buen sueldo de su marido a ser empleada de hogar muy lejos.
Estos hechos que acabo de relatar son reales y a mi personalmente me impactaron y enseñaron a ser muy cauto con todo lo que recibimos en nuestros correos electrónicos de todo tipo, desde la politica al pretendido amor. Como en todo, es labor de la familia el control porque la libertad debe ser para el bien. Si además de las aulas y las actividades extraescolares, que son varias, le dedican horas y horas al ordenador y al móvil, al llegar a clase irán dormidos y al final tendrán que quedar para septiembre o sabe Dios para cuando.