¿Hablamos claro?

¿Hablamos claro?

Algunas veces, y aunque sea considerado como dudosamente correcto, es necesario hablar claro y llamar a las cosas por su nombre. Es el caso del yihadismo que está teniendo al mundo en jaque movilizada esta pandilla de asesinos por el autodenominado Estado Islámico y sus adláteres. ¡Ya está bien de tanta condescendencia que llega a cotas de hipocresía infinitas! Ya hemos hablado aquí del tema pero volvemos enfocándolo desde una perspectiva que requiere valentía y lo reconozco pero hay que ser claros y llamar a las cosas por su nombre como lo hicieron los obispos del Líbano en una ignorada carta al Papa sobre la inmigración.
En primer lugar, los refugiados en su mayoría están cobrando de los países a los que llegan. Se ha comprobado, por ejemplo, que los que atacaron en Barcelona tenían sus ayudas económicas e incluso uno se fue para su pueblo y siguió cobrando cinco meses. Son hechos como un hecho lo es que la Yihad, la Guerra Santa es uno de los seis pilares del Islam. Todos somos infieles a los que hay que eliminar. Así de claro por mucho que algunos musulmanes vivan y dejen vivir. Pero hay un grupo, cada vez más numeroso, que llevan la Yihad hasta en la médula.
En el atentado de Finlandia se comprobó que uno de los atacantes era un refugiado que había sido admitido sin más. Occidente, Europa, les recibe con todo el cariño y solidaridad, cierto y eso honra al continente pero ni todos los que llegan vienen con ideas sanas. En Cataluña, por ejemplo, hay centenas de mezquitas que en una muestra de comprensión y acogida, se han dejado construir. Si a los cristianos o a los judíos se les ocurre levantar un templo en sus países de origen inmediatamente es destruido e incluso se mata a quienes los sostienen. Y eso sí que es cristianofobia, algo que de manera velada o al descubierto se está introduciendo de manera solapada. En algunos lugares se puede ser de todo menos cristianos; allá, donde son degollados sin piedad, o aquí, donde se ningunea una fe y una cultura.
Y personalmente lo que me preocupa es saber quien en poco tiempo le lava el cerebro a ese grupo de jóvenes. ¿Quiénes les catequizan y les meten en sus cerebros juveniles esas ideas ciegas de muerte? Ahí está el problema y el campo en el que las Fuerzas de Seguridad del Estado deben intervenir y los gobiernos abrir los ojos de una vez. ¿Quién sostiene a esa organización criminal? Esa es la cuestión. Lo demás son fuegos de artificio. El imán de Ripoll ¿era un monje de clausura?
Un control exhaustivo de todos y cada uno de los que entran, dejarse de ideas románticas y pseudo filantrópicas e ir a la realidad. ¿Por qué Occidente mira para otro lado en vez de resolver el problema de sus países de origen? Acaso el problema del petróleo les hace ignorar una realidad que estamos sufriendo y, por lo que se ve, sigue cada día. Irán a por la Sagrada Familia, por las catedrales de Sevilla y Santiago, querrán la catedral gótica de Barcelona, la seo de Zaragoza y lo que haga falta. Lo demás le llamarán confesionalidad encubierta, islamofobia o qué se yo. En el fondo, la vieja Europa está perdiendo sus valores y, entre ellos, el arrojo de defender su cultura ancestral dejándose dominar o callando, en un falso progresismo, por ideas y culturas ya otrora rechazadas. Este es el gran reto para los gobiernos europeos sobre todo del sur pues los del norte se están manteniendo firmes en sus criterios de siempre.
Es muy triste que con una peculiar interpretación de la democracia estemos tragando lo que haga falta para ser políticamente correctos y, sobre todo, ser progresistas que parece que es lo que se lleva. Pero ¿es esto progreso o vuelta atrás? La respuesta se la dejo a usted, querido lector.