La propaganda monárquica

La propaganda monárquica

El llamado “imaginario monárquico” es una construcción intelectual, consistente en introducir en la mente de las gentes el concepto de que la monarquía es una institución natural, que por tanto debe ser aceptada como tal con “naturalidad”. Reyes y príncipes siempre han estado ahí, formando parte de nuestras vidas y, además, están imbuidos no ya del origen divino que los consagra, sino de todas las cualidades que consideramos excelentes: el Rey es sabio, prudente, valeroso, etc.
El comentadísimo incidente a la salida de misa en la catedral de Palma, en que Letizia Ortiz impidió una foto de la reina honorífica (impropiamente llamada emérita) y sus secuelas no es más que otra evidencia de que la monarquía es ficción de sí misma. Rodríguez García catedrático de filosofía se preguntaba en un exitoso libro sobre la Corona cómo los mortales normales podemos aceptar como cosa natural que existan instituciones que perviven –aunque cada vez menos- cuya función real es no hacer nada o simplemente existir. 
Sostiene Rodríguez García que no parece sencillo desbaratar el imaginario monárquico, si se tiene en cuenta las marcas que constituyen, y sobre todo, si invade los frágiles territorios de la infancia- Con respecto a los elementos sobre los que se construye en cuanto a su capacidad de causar el asombro de los súbditos y siervos, Dice Gugliano Ferrero que es difícil entender que en el siglo XXI se pueda heredar la jefatura del Estado como si fuera una finca y añade que  “El rey, con toda su familia, no podía ser visto en ningún momento, en ninguna circunstancia y en ningún lugar como un simple mortal, como un simple hombre de carne y hueso: Cada uno de sus actos y de sus gestos, cada uno de sus deseos o manifestaciones de voluntad, estaban precisa y minuciosamente reglados por una etiqueta preestablecida según ritos solemnes y ceremoniosos. De vez en vez, cuando no soportaban más su ficticia existencia y deseaban mezclarse un poco con la masa a fin de vivir algunas semanas como mortal entre los mortales, debería despojarse de sus atributos para emprender bajo un falso nombre «de incógnito» -se decía en otras épocas- un viaje al extranjero”.  
Es bien conocido, en este caso, que tanto Fernando VII, Alfonso XII o Alfonso XIII, por citar a tres de los más caracterizados borbones, gustaban de mezclarse con los ámbitos más sórdidos de su pueblo en tabernas, prostíbulos y lupanares, y que, especialmente el último citado, incluso utilizaba como hipocorístico un condado, bajo cuyo nombre visitaba a alguna de sus barraganas más conocidas.
Uno de los territorios donde actúa con mayor insistencia la propaganda monárquica, en orden a crear en la mente infantil ese “imaginario monárquico” a favor de la institución es el mundo escolar, a través de un promocionado concurso llamado “¿Qué es un rey para ti?”. Se venía convocando cada año, con patrocinio comercial de empresas de telefonía móvil, como habitual respaldo, abierto a la participación de escolares de primaria, dos cursos de la ESO y alumnos de educación especial hasta los 18 años. Se trabaja en grupo, bajo la tutela que, salvo excepciones, suele ser una maestra que, caso de ganar, será recibida por el Rey junto a sus pupilos y saldrá retratada en las revistas del corazón. El motivo siempre es el mismo: el Rey como padre de la nación. Ahora tiene otro patrocinador, privado, por supuesto. 
La foto de la hija mayor del matrimonio Borbón-Ortiz, rodeada de niños de todas las regiones españolas, de su misma edad, es una evidencia de que se pretende educar a los futuros ciudadanos en que han de ser súbditos leales de una niña como ellos, bisnieta de un taxista como algunos de ellos, pero ungida por los designios lejanos de un general que nombró a su abuelo su sucesor porque sí.