Pedro Sánchez ha visto la luz de Podemos

Pedro Sánchez ha visto la luz de Podemos

Era de esperar. Y el chiste surgió mientras todavía estaba haciendo sus sorprendentes declaraciones: “Pedro Sánchez se desmelena”, “Pedro Sánchez se deja la coleta”, y mientras recibía el respaldo algo más que moral, ¿qué digo?, mientras recibía la absolución por sus errores para con ellos de Pablo Iglesias y Errejón, millones de españoles y el propio partido hasta que hace poco dirigía, tragaban saliva para intentar digerir la nueva doctrina de quien pretende llevar al PSOE a la tierra prometida.
¿Es que en el PSOE se puede asumir lo que ahora predica Sánchez? ¿Es que se puede construir un gobierno con quienes quieren abandonar el barco de España? Sánchez puede opinar que España es una nación de naciones y que Cataluña y Euskadi lo son al margen del resto. Pero, ¿en qué documento del PSOE se afirma eso? ¿En qué resolución del partido, en qué acuerdo de sus congresos, dónde?
Las declaraciones de Sánchez son como un testamento póstumo, eso, como una confesión post mortem de quien no quiso reconocer culpa alguna en el repetido retroceso electoral de su partido, y ahora se lamenta de no haberlo lanzado y al país con él por el barranco de un gobierno con los bolivarianos.
Llevaba meses atrás diciendo que nunca pactaría con Podemos, porque Podemos era Venezuela, la miseria y la pobreza a la que conduce el populismo y ahora resulta que no, que ya no son populistas, sino gratos compañeros de viaje, bajo el manto de la mágica palabra, “progresismo”, remoto término viajero que viene del siglo XIX y de un enamorador de novicias llamado Olózaga. Sánchez no es un converso, es un hombre salvado por la luz que emana Iglesias, un nuevo Saulo que cae del caballo en el camino.
El PSOE que necesita la estabilidad de España no va a venir de la mano de este hombre cambiante que desde la derrota en todos os frentes resulta que confiesa que se equivocó de enemigo o, lo que es peor, de aliado.
Sus revelaciones ahondan más la brecha dentro del PSOE y sirven en bandeja a Podemos argumentos para intentar superarlo, cuando no sustituirlo. Es curioso que quien no ha reconocido errores propios disperse una manguera de reproches y acusaciones, haciendo a un variado combinado de factores las causas de su caída. Pero la consecuencia que de ello se desprende es que quienes de verdad, desde el propio PSOE lo apartaron actuaron cuerdamente por el bien del partido y de España.
Realmente, alguna de sus afirmaciones son de antología, desde pretender que el PSOE negocie con los independentistas a la perla de todas: “el acercamiento del PSOE a Podemos si su partido quiere ser alternativa de gobierno. En ese caso, debe «mirar a Podemos de tú a tú y trabajar codo con codo» con ellos”.
Pero otras de las cosas que dijo pecan de ingenuidad casi infantil, en contra de lo mismo que con aparente energía defendía antes de ayer: “Cataluña es una nación». De hecho, apostó por reconocerla así en la Constitución, para «que, como nación que es, se sienta integrada dentro de España”. Y para completar la charada, dijo que era al tiempo contrario al referéndum por independencia. ¿En qué quedamos?
Y por si fuera poco, nada han tardado los sectores más radicales del nacionalismo catalán, asegurando, para más inri, que desde hace meses no hablan con él, por lo que no saben de dónde sale su comentario sobre no habidas pasadas conversaciones, si bien cabe que hablara con otros ámbitos de la misma pretensión final. El estrambote de añadir al cesto de las independencias a tratar del País Vasco fue todavía más sorprendente. 
Si de verdad se sigue considerando un socialista, le vendría bien considerarse amortizado dentro de la historia de su propio partido, y no correr el riesgo de acabar la fractura definitiva a favor de quienes son los que en esta hora acaban de acogerlo con los brazos abiertos como el hombre equivocado que reconoce la luz hacia la que quiere caminar. En esa nueva fe, cree Sánchez, que va a hallar su resurrección. ¡Pobre PSOE si vuelve a caer en sus manos?