¿Por qué ha calado el mensaje de VOX a tanta gente?

¿Por qué ha calado el mensaje de VOX a tanta gente?

Con su fina ironía Winston Chuchill decía que las elecciones son siempre un riesgo, “sobre todo cuando se pierden”. É lo sabía bien, pues no en vano, tras ganar la II Guerra Mundial, y todavía saboreando la victoria fue derrotado por el laborista, de mucha menor talla Clement Attlee.  Los estudios de sociología electoral norteamericanos, que gozan de gran predicamento sobre el comportamiento de los votantes, concluye que con frecuencia las elecciones las deciden los indecisos de última hora.  J.T.Klapper, en un clásico estudio sobre el particular, nos enseñó que las campañas de propaganda electoral sirven únicamente como factor de refuerzo para los que están más o menos decantados hacia una opción concreta y que, por lo tanto, la propaganda actúa, en este sentido, más como factor de refuerzo que como desencadenante de opiniones nuevas. Cuando los ciudadanos se sienten manipulados, el efecto puede ser el contrario.
Los cambios de criterio de los electores no se producen como consecuencia de repentinas conversiones o milagrosos efectos de la propaganda electoral. Responden a decisiones más profundas, gestadas durante más largos periodos de tiempo. La propaganda electoral, en todo caso refuerza, pero no convence a quienes no lo están.
Si examinamos las reacciones de todos los partidos que concurrieron a las elecciones andaluzas podemos sorprendernos por su coincidencia en algunos aspectos notables: da la sensación, salvo Podemos, de que todos han ganado, pese a haber perdido. Es decir, como el PSOE que deja en el camino un buen puñado de escaños y votos, o el PP y Ciudadanos que, pese al crecimiento de este último, tampoco ha logrado lo que quería. No sorprende la reacción de Podemos, conforme al manual de Lenin (¿democracia para qué). Es decir, si los votos no nos conforman, vayamos a la calle.
Y todos apuntan la misma dirección, VOX. Lo primero que conviene advertir que este partido no es lo que siempre consideramos la extrema derecha, o sea, Fuerza Nueva y Blas Piñar. Es otra cosa, tiene un discurso coincidente en esencia, pero planteado de otro modo, es cierto sentido, más intelectual, aunque desordenado. La lista de sus doce diputados para un parlamento que se proponen suprimir, según su programa electoral, denota que no son cualquier cosa: abogados, médicos, empresarios. ¡Ojo!

Un pacto constitucional
Si este fuera un país normal, en estos momentos cabría esperar un gran pacto entre los partidos constitucionales frente a quienes no lo son o parecen no serlo. Y en ese paquete cabe no sólo VOX, sino alguno de los planteamientos de fondo de Podemos y sus contratas. El PSOE se enfrenta a sus propias contradicciones: Resultó patético el manifiesto de José Luis Ábalos, denunciando el riesgo de que PP y Ciudadanos pacten con VOX, por ser un partido no constitucional, pero ¿acaso son constitucionales Bildu-ETA, Esquerra Republicana, el partido de Torra o una parte misma de Podemos con los que previamente se pactó para llegar a la Moncloa?
Yo no creo que en Andalucía haya 400 mil fascistas o tardo-franquistas, pero algo no funciona bien cuando el mensaje xenófobo de Vox ha calado especialmente en la comunidad donde mayor impacto tiene la inmigración ilegal, descarnadamente evidente en algunas poblaciones concretas. Parece que los votantes de VOX ha mellado el sentido emocional frente a la reflexión profunda. Es lo que se llama el voto de la decepción, que antes que nosotros surgió en Italia, de donde deberíamos aprender.
Tengo la impresión que en el voto de castigo que el PSOE ha recibido en Andalucía ha presionado no sólo el efecto de la gestión de Susana Díaz, sino dos elementos clave: la indignación de las gentes de la comunidad con más paro de España por el escándalo de los ERESs (gastos de los puticlubes incluido) y los errores, a tiempo de corregir, de Pedro Sánchez con respecto a Cataluña. Es un aviso a navegantes.