UE, política de estado

UE, política de estado

Los primeros contactos del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy con los líderes de los otros tres partidos nacionales no será para ver la posibilidad de formar gobierno, sino para acordar una posición común para la reunión del Consejo Europeo de la próxima semana, en la que se abordara la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. El europeismo de PP, PSOE y Ciudadanos es incuestionable y también lo es de una parte de Unidos Podemos, aunque hay otra que aboga por la salida del euro e incluso de la UE, una posición típica de Izquierda Unida, aunque no dejan de expresar su disconformidad con que la Europa de los mercaderes tenga predominio sobre la Europa de los ciudadanos.
La política con respecto a la Unión Europea es una política de Estado en cuanto al proyecto europeo y existe el convencimiento compartido de que la resolución de los problemas que afectan al continente se aborda con ‘más y mejor Europa’, y las diferencias sensibles se traslada a la solución de problemas contingentes cómo las políticas de austeridad y de cumplimiento del Plan de Estabilidad y al modelo de Europa que se pretende conseguir.
Con los votos recontados, y de mantenerse la incertidumbre sobre la formación de un próximo gobierno, los líderes de los cuatro partidos tienen que llegar a un acuerdo del máximo consenso, del que Mariano Rajoy ha de ser el portavoz. El Brexit llega en un mal momento para España, con un gobierno en funciones y unas elecciones mañana domingo que pueden resultar mediatizadas en algún punto por el referéndum británico, y esa es la causa de que el Ejecutivo español no tenga una participación muy activa en el conjunto de reuniones de líderes europeos que se están fraguando para analizar la situación creada.
Pero cuanto antes España debe tratar de ocupar un puesto de relevancia en el proceso de consolidación europeo. Hasta la implosión de la crisis económica y la aplicación de medidas austericidas, el compromiso europeo de los ciudadanos españoles estaba fuera de toda duda, y a pesar de esas circunstancias en nuestro país no han surgido partidos o movimientos populistas de extrema derecha que hayan hecho suya la bandera contra las políticas relacionadas con la inmigración o los refugiados, y en cuanto a las demandas económicas procedentes de Bruselas, el populismo de izquierdas no plantea ya la ruptura, sino la renegociación, a pesar de que se conocen los resultados del caso griego. Por el contrario, España ha tenido éxito con respecto a la integración, y son muchos los ciudadanos que piden una actitud más activa respecto a la acogida de refugiados que huyen de la guerra, que es uno de los factores que están contribuyendo de forma decisiva al euroescepticismo.
Con ser importante la llamada a la tranquilidad realizada por el presidente del Gobierno en funciones, por cuanto nada cambia de la noche a la mañana respecto a los españoles en Reino Unido y a los británicos en España, no se debe minusvalorar que el plazo tasado para que todo cambie es de dos años y que el tiempo corre muy deprisa cuando se trata de resolver una situación inédita y de alta complejidad, porque el Brexit no tiene marcha atrás.  
Mariano Rajoy y el resto de líderes políticos han hecho  profesión de fe europeísta y de su deseo de avanzar en un proceso de integración que está en crisis. En este asunto el acuerdo supera a los desacuerdos.