Pues sí, hay un 'nuevo' PSOE

Pues sí, hay un 'nuevo' PSOE

Llueven piedras sobre la gestora del PSOE que preside Javier Fernández, a quien se acusa de no tener la suficiente autoridad, y sobre Susana Díaz, a la que, en cambio, se acusa, estando en la misma línea que el presidente del Principado asturiano, de ser demasiado autoritaria. Voces legítimamente díscolas, asegurando no querer para nada unas terceras elecciones, que el Partido Socialista de ninguna manera se podría ahora permitir, insisten sin embargo en el 'no a Rajoy', olvidando que el 'no' lleva automáticamente a esas odiadas terceras elecciones, y que la proclamada abstención en la investidura del presidente en funciones no es un contrato de adhesión sino eso: una abstención pura y simple. Para que luego el PSOE, que debe estar donde debe estar, es decir, en la oposición, la haga eficazmente desde el Parlamento.
Yo pienso que la abstención, de una u otra manera, aunque sea la vergonzante de forzar que once diputados socialistas la practiquen, mientras los demás practican el deporte del 'no', se impondrá, porque lo que no puede ser, no puede ser y, además, es tan imposible como que el PSOE concurra ahora a unas elecciones, con un PP crecido -sí, pese al juicio Gürtel: los españoles somos así, señora- y un Podemos creciente, pese a sus yo creo que magnificadas disidencias internas, en las que Iglesias se quiere presentar como un Lenin con coleta frente a un aniñado Kerenski.
Al final, las cosas retornan a su ser, y la 'era Sánchez' significó, lo dicen todos los veteranos del partido que saben de qué hablan cuando hablan de política, una anomalía, una ambición personal más que colectiva: perdió sus oportunidades frente a Podemos y, diciendo querer enviar a Rajoy 'a la oposición', potenció el papel del actual inquilino de La Moncloa, mientras hacía que el PSOE amenazase con partirse por la mitad. No se puede causar más destrozo en apenas un año. El PSOE es necesario, imprescindible, para España, pero no un PSOE cuya única alternativa, si es que tal alternativa realmente llegó a existir, que yo creo que no, significaba encabezar un grupo heterogéneo de diputados, algunos de ellos inaceptables para el votante socialista.
Por eso sé que el PSOE, dirigido como se puede por un hombre honrado y bien intencionado, probablemente sin demasiado carisma -ni parece que lo pretenda--, pero a quien nadie le ha escuchado nunca decir una tontería, como Fernández, acabará acatando las leyes no escritas del sistema, que es el único que le permitirá, si concurriese a las elecciones, no convertirse en una inexistencia como el PASOK griego y, antes, como tantos partidos socialdemócratas latinoamericanos, que no encontraron su sitio. El PSOE es parte fundamental de la recomposición de la izquierda, pero es 'este' PSOE, el que debería haber formado una gran coalición con el PP para, desde ella, mandar sobre Rajoy, el que debe liderar tal recomposición. Si no, será Lenin (más que Kerenski, que, no lo olvidemos, murió en Nueva York, escapado del poder bolchevique) quien lo haga. Y, si no podemos permitirnos unas terceras elecciones, menos aún podemos permitirnos que un artista del trapecio político, con perdón, lidere la revolución de noviembre, porque a la de octubre ya llegó tarde.