Gobierno arcoiris

Gobierno arcoiris

Pues, dilecta leyente, el PP anda en busca de ese Moisés, aunque sea en versión femenina, que le saque del fango y lo lleve a la tierra firme prometida. El PSOE, aquejado del mal del “ere”, se encuentra atado de pies y manos por sus facinerosos y antiguos socios que lo chantajean a su antojo. De momento, su prioridad es favorecer al mundo del lumpen: Acercamiento de presos, incremento de paga a los “internos”, y derogación de la prisión permanente revisable; mientras, los independentistas-golpistas cada vez son más audaces ante este gobierno “arcoíris”.
 Ya Curzio Malaparte, en su “Técnica del golpe de Estado”, demostraba que ese golpe no necesariamente tenía que ser violento ya que bastaba con apoderarse de ciertas instituciones y desde ellas “desventrar” el Estado. Así, en la actualidad, el sistema constitucional español es víctima de un acoso que recuerda las técnicas descritas por Malaparte. Sus protagonistas son el nacionalismo catalán y Podemos. En el primer caso, la violación del ordenamiento jurídico y el vaciamiento de sus contenidos para llenarlos con otros anticonstitucionales viene desarrollándose desde hace décadas.  Como bien sabe, dilecta, el derrumbe de los partidos políticos es un fenómeno global y masivo, a tal nivel que hay casi más afiliados a la Sociedad de Conservación de la babosa dromedario que la suma de afiliados a muchos de los partidos tradicionales. 
Quizá sea que sobran políticos que sólo piensan en las próximas elecciones, y faltan estadistas que piensen en las próximas generaciones. Mire, el asunto viene de lejos, la decepción de las expectativas que habían despertado las arraigadas ideologías ha llevado a muchos votantes de diferentes partidos y lugares a echarse en manos de populistas y chamanes que prometían cambios. Esa es la palabra clave: cambio y gobierno progresista. Lo malo es que los cambios no siempre son para mejor. 
Ya lo dijo cierto general en el fragor de la batalla, con las tropas diezmadas, prácticamente si armas ni municiones y ni una lata de sardinas: “Toda situación, por desfavorable que sea, es susceptible de empeorar”.  En cuanto al progreso, ¿quién es el cretino que no quiere progresar en todos los sentidos? Por ello, la taimada izquierda se ha apresurado a registrar la marca, y se arroga el monopolio del progresismo, aunque luego las reformas progresistas no sean más que “ñapas” al estilo “Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio”, siendo otros los que tienen que venir a arreglar las fisuras ocultas por el gotelé zapatero-sanchista.
¡Y para colmo, Margarita Robles, ministra de Defensa! Claro que, antes, el ínclito Sánchez nos había endiñado un ministro de Deportes que odiaba el deporte y a los deportistas; menos mal que tenemos al astronauta, que nos trasportará a otra Galaxia de donde mane leche sin lactosa y miel de abeja apta para diabéticos.