Primarias sin debates

Primarias sin debates

Sin debates no hay manera de saber cómo piensan renovar al Partido Popular los aspirantes a presidir esta organización política que hace apenas un mes todavía gobernaba España. Dos de los candidato en liza, García-Margallo y García-Hernández, veteranos de la política y de la dialéctica, ex ministro de Asuntos Exteriores el primero y diplomático el segundo, estarían dispuestos a debatir. No han dado ningún paso en esa dirección ni María Dolores de Cospedal, ni Soraya Sáenz de Santamaría, ni Pablo Casado.
La ausencia de debates están convirtiendo las primarias en una insulsa vuelta a España con actos políticos diseñados para dar un titular de prensa y ocupar cincuenta segundos en la televisión. Se dice que la clave que explica la renuencia al debate es el temor a ofrecer una imagen de división del partido similar a la que conocimos cuando las primarias del PSOE evidenciaron que los socialistas estaban seriamente divididos.
 El debate que tuvo lugar entre Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López mostró las diferencias irreconciliables entre la presidenta de Andalucía y quien acabó siendo secretario general del partido. Pero la política da muchas vueltas y hoy Pedro Sánchez es el Presidente del Gobierno.
El temor a abrir heridas, a dividir al partido, es una razón de peso, pero no es argumento suficiente para hurtar a los afiliados y a los potenciales votantes el conocimiento acerca de los proyectos y capacidades de quienes aspiran a dirigir la organización y volver a gobernar en España. Puesto que quienes aspiran a mandar e influir en las vidas de los demás lo hacen a impulso de la ambición de poder no tienen derecho a hurtar a los ciudadanos el debate de propuestas y proyectos que permitiría juzgar su capacidad y conocimientos.
El miedo a debatir es miedo a dejar al descubierto la falta de ideas. Al optar por los "argumentarios", las frases tópicas que sirven liofilizadas los departamentos de prensa, pensadas para acaparar un titular en algún telediario, rebaja el nivel de las primarias hasta convertirlas en una simple campaña de relaciones públicas. Los ciudadanos tienen, tenemos, derecho a saber qué propuestas tiene Cospedal para afrontar el problema de la corrupción; qué haría Soraya sí Quim Torra cumple su amenaza de seguir adelante con la hoja de ruta del "procés" o qué idea tiene Pablo Casado para afrontar el problema de los emigrantes que llegan a España. Lo que piensan Margallo y García Hernández ya lo conocemos. Quizá por eso no tienen miedo a debatir.