Las mujeres del Estado Islámico

Las mujeres del Estado Islámico

Estos días, tras el arresto de tres mujeres que pretendían hacer estallar a un coche cargado de bombonas de gas en las inmediaciones de la catedral parisina de Notre Dame se ha abierto el debate sobre la creciente implicación femenina en el Estado Islámico. Varios periódicos han recordado que después de la proclamación del califato y en medio de la sangría que afecta a sus altos cargos, el IS ha ampliado las funciones de la mujer más allá de su papel como esposa abnegada y madre de una nueva generación de militantes. Precisamente un manifiesto firmado por AlJamsa -una brigada femenina encargada de perseguir y castigar a las compatriotas que desafían la estricta moral establecida por el movimiento- advierte que las mujeres pueden abandonar el hogar para efectuar la "yihad" (guerra santa) "si el enemigo está atacando su país, los hombres no son suficientes para protegerlo y los clérigos publican una `fatua` (edicto religioso) que lo permita".
Desde nuestra mentalidad occidental resulta muy difícil entender como mujeres de forma libre puedan recorrer ese camino, teniendo en cuenta el trato inhumano y vejatorio que reciben en nombre de una causa que al fin y al cabo les lleva a ellos, si se convierten en suicidas, al paraíso de las vírgenes, mientras ellas y sus hijos penan eternamente en la tierra.
No hace mucho leíamos con estupor que el autodenominado Estado Islámico había matado al menos doce niños, cuando trataban de huir de un campo de entrenamiento militar en los alrededores de Mosul, una barbarie que pone los pelos de punta como casi todo lo que tiene que ver con esos asesinos crueles que matan y violan sin piedad en nombre de un Dios que se avergonzaría de ellos. Los pequeños tenían edades comprendidas entre los 12 y los 16 años y habían sido reclutados como otros tantos para ser entrenados en el uso de armamento y la participación en operaciones suicidas.
Algunos colegas como Francisco Carrión relata en sus crónicas que los niños son sometidos a toda clase de incitación a los asesinatos en masa y los crímenes del IS.
En las calles de su bastión iraquí, los barbudos han instalado gigantescas pantallas que difunden sin descanso los vídeos propagandísticos en los que la organización presume de ejecuciones sumarias, amputaciones, lapidaciones o crucifixiones. Además, los pequeños no son sólo espectadores sino víctimas a quienes se les ha arrebatado la infancia de cuajo. En junio dos menores de edad fueron crucificados en la provincia siria de Deir al Zurpor por infringir el ayuno del Ramadán y sus cuerpos aparecieron en la verja de un cuartel de la "hisba", la policía religiosa del IS para dar ejemplo.
Aquello es un infierno del que nos acordamos solo cuando esas bestias atenta o pretenden atentar contra objetivos que nos son cercanos pero, el hecho, de que ahora empiecen a reclutar mujeres y niños porque sus filas se están diezmando es un dato preocupante. Con los fanáticos del IS nada ni nadie está a salvo y por eso no podemos perder de vista lo que ocurre en la zona y mucho menos cerrar los ojos ante lo evidente. Ellos no van a parar y nosotros tenemos que defendernos con actuaciones sobre el terreno por mas que el asunto sea complicado y objeto de polémica. Esos niños ahorcados, degollados, despojados de su infancia y su dignidad merecen una respuesta de la comunidad internacional y también el hecho de que las mujeres sean obligadas a tener un papel activo para utilizarlas como carne de cañón, supone un escalón más en su estrategia de muerte y terror.
Las mujeres ya tienen presencia en la Policía moral y las `soldados` del califato también se han infiltrado en lugares próximos al campo de batalla. "Están participando en acciones kamikazes y en operaciones de los servicios de inteligencia. Es un gran desarrollo", reconoce los expertos, que les auguran a estas pioneras ascensos en la estructura del IS. "Alcanzarán los niveles intermedios de la administración de servicios como la educación o la sanidad pero no llegarán a la cúpula de la organización". Es lo de siempre, los malos las dejan ascender no porque crean en ellas sino porque sus fuerzas están siendo mermadas, pero esas mujeres seres inferiores e invisibles para ellos, no tomaran las decisiones ni ahora ni nunca. Son un medio puntual para sus fines macabros ¿Qué pensarán ellas cuando entregan a sus hijos al martirio?. Como madre no me puedo ni imaginar qué pasa por la mente de alguien que ofrece a sus hijos para el martirio. ¡Qué barbaridad!