Migajas

Será la edad pero lo cierto es que ver el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena es una tradición que desde hace ya muchos años respeto a rajatabla. Sin embargo sólo desde hace pocos inicié la costumbre de contar cuántas mujeres están en el foso de la orquesta. Son muy pocas, sólo siete de un total de 148. 
Nada de extrañar si tenemos en cuenta que hasta el año 1997 las mujeres tenían prohibida su entrada en la orquesta. La primera en acceder fue la arpista Anna Lelkes que llevaba ya 20 años tocando en la orquesta sin ser reconocida como miembro de pleno derecho.
En sus 175 años de historia la Filarmónica sólo fue dirigida una vez por una mujer, en 2005. 
Las mujeres han sido vetadas deliberada e intencionadamente en la Filarmónica de Viena y no lo digo yo, lo reconocen abiertamente sus propios miembros:
«Tres mujeres ya es mucho. Cuando tengamos un veinte por ciento la orquesta estará arruinada. Hemos cometido una gran equivocación , y lo lamentaremos amargamente», comentó en el año 2003 uno de los concertistas.
No nos extrañemos, idolatramos a veces el mundo de la cultura, el alto nivel educativo de los líderes de la cultura europea, el refinamiento de la música clásica pero cuando hacemos este ejercicio tan simple de contar cuántas mujeres tienen la batuta de las orquestas en el mundo, podemos constatar que existe la voluntad convencida de apartarlas. 
La dirección de orquestas ha sido siempre un territorio prohibido a las mujeres. Los conservatorios están llenos de chicas pero sólo el 10% de los directores de orquestas del mundo son batutas femeninas.
Algunos me dirán que no sea tan crítica, que las cosas sí están cambiando. Que los británicos acaban de nombrar a la lituana Mirga Grazinyte-Tyla como directora de la Sinfónica de Brimingham, una de las mejores orquestas del Reino Unido, o la mexicaana-estadounidense Alondra de la Parra recientemente nombrada directora de una de las principales orquestas australianas. También en España contamos con directoras con proyección internacional: Gloria Isabel Ramos Triano, Mº Isabel López Calzada o Imma Shara. Es cierto. La botella se puede ver medio llena o media vacía. Pero qué quieren que les diga, yo no me consuelo. Porque el próximo año, cuando vuelva a contar  cuantas mujeres están en el foso de la Filarmónica de Viena habrá -seguramente- el mismo número de intérpretes femeninas. No me consuelo porque tampoco  habrá una mujer dirigiendo la  Marcha Radetzky, ya sabemos que  será el genial Ricardo Mutti. Entonces  -probablemente-  volveré a escribir algo similar a estas palabras. Estamos en 2017 y creo que no debemos conformarnos con las migajas de la igualdad.

(*) Presidenta de Executivas de Galicia.