Banderas, patriotas y terrorismo

Banderas, patriotas y terrorismo

Una de las peores herencias franquistas es la que consiste en la manipulación y la consiguiente apropiación indebida de valores que debieran ser comunes y compartidos. Fue tan perfecta esta apropiación, tan firme y sólida, ha impregnado tanto a nuestra sociedad y está siendo tan bien aprovechada, que de seguir vigente y de no ser sabia y pacientemente corregida por aquellos a quienes corresponda hacerlo, no nos arriendo la ganancia a todos a la vuelta de un tiempo cuya duración no soy capaz de establecer.
Conceptos y símbolos que debieran de ser comunes se convirtieron en paradigma de aquellos que sí, efectivamente, ganaron la guerra con la misma soltura con la que perdieron la paz, pero entre el desastre, el triunfo y el éxito, causaron a la ciudadanía un daño que todavía está rindiendo créditos a quienes heredaron símbolos y valores aunque sea justo advertir que no solo ellos son culpables de lo que está pasando; también lo son los del otro lado que dejaron arrebatarse la exclusividad del patriotismo -y de su derivación más terrible: el patrioterismo- a la vez que la de la posesión de la palabra España y ese concepto algo difuso de la españolidad entendida a un único y algo atrabiliario modo.
 Todavía hoy el término patriota se identifica casi de forma única con la "gente de derechas" que, por definición era franquista, cuando no en la práctica, pero sí en la realidad, había cantidad de gente de derechas que no lo era. 
Todavía hoy el lucimiento de los colores de la bandera nacional lucido en el borde del cuello del lacoste, en la muñequera que trenzaste en rojo y gualda ayer o en la visera de la gorra de béisbol que los judíos impusieron en USA y USA impuso en el resto del planeta, es de atribución exclusiva a esa misma gente cuando en cualquier país esa misma actitud o lucimiento no identifica a nadie por su ideología o por sus valores sino a un sentimiento de solidaria y colectiva pertenencia a un conjunto de ciudadanos vinculados por un común proyecto de convivencia.
Según esto son patriotas los de derechas, pues son más españoles y mucho más españoles que el resto de sus conciudadanos y son ellos los recipiendarios de la bandera y de los valores que no han sabido reclamar como propios o lo que es peor, han evitado hacerlo, optando por otro símbolo, esta vez tricolor, que ahonda más el abismo existente.
El partido que sostiene al Gobierno actual está sabiendo aprovechar, está exprimiendo al máximo esta realidad terrible. Han conseguido convencer a la mayoría del país de que todo apoyo que se le preste al ejecutivo es una inequívoca señal de patriotismo, mientras que la negación de ese apoyo lo es de un anti patriotismo galopante; por consiguiente es un buen español, no un buen ciudadano, sino un buen español todo aquel que secunde las iniciativas del gobiernos, buenas per se, y un y un mal español quien piense por su cuenta.
Este proceder ha conducido a la desfachatez con la wue el presidente del gobierno comenta con cierto sarcasmo que "eso pasó hace muchos años", con la que su portavoz parlamentario sentencia que hay amor por los huesos paternos cuando hay subvenciones para buscarlos y a otra serie de actitudes y comportamientos como la reciente utilización de la figura de Miguel Ángel Blanco convirtiéndolo en una especie de protomártir que anule la memoria de los cientos de asesinados en manos de los terroristas vascos por no citar el caso de otros gallegos asesinados en la puerta de su propia casa en A Coruña, en medio de la carretera en Irixoa, por citar dos casos con independencia de que uno fuese empresario y otro guardia civil porque hubo más, de todo tipo, ideología y profesión. ex ministros, magistrados, senadores o diputados… incluso madres con hijos que habían decidido abandonar las actividades terroristas.
Todo esto ha propiciado campañas subsiguientes a la que se cita; por ejemplo, la seguida contra la alcaldesa de Madrid con independencia de la simpatía que esta pueda despertar en cada uno de nosotros y que puede servir de ejemplo y colofón de lo que se viene comentando.
No se le habrá ocurrido a la señora alcaldesa, ni a quienes la asesoran, que al igual que idearon esa pancarta en inglés que ilustra la fachada del ayuntamiento madrileño, saludando la llegada de unos refugiados que no dan llegado, pudiera haber sido aconsejable, otra que, siquiera por unos días la velase cubierta por otra que sumase su ayuntamiento al recuerdo de Miguel Ángel Blanco… y de toda un retahíla de cientos de nombres más asesinados por ETA, por los GRAPO, por el Exército Guerrilleiro o el FRAP de tan poco grata recordación. Hubieran ayudado a poner las cosas en su sitio, sin duda alguna.
    Y si además, por no pedir demasiado, esa pancarta luciese los colores de la bandera nacional y más o menos del mismo tamaño que la que izó en la madrileña plaza de Colón el penúltimo presidente de gobierno a propuesta del PP, por no pedir que englobase la de las distintas autonomías, entonces sí que la ciudadanía hubiese entendido algo que todavía no se le ha explicado en la debida forma y de modo necesario si queremos que, de verdad, haya una transición a otra realidad más habitable y común capaz de comprendernos a todos.